En la biblioteca de Hyoutei siempre había habido paz. Pura, deliciosa paz. Tanta, que uno se preguntaba por qué si tenían semejante lugar para estudiar, nadie lo usaba. La ventana que iluminaba tu lectura... ah, sí, lugar perfecto para una cursi como yo que necesita estudiar lejos de las computadoras y despatarrar sus cosas sobre un escritorio para estudiar como se debe.
Lástima que la materia no era tan pintoresca a comparación con el lugar. Contabilidad. Maldita contabilidad, con la maldita vieja que está para un neuro-psiquiátrico/insertar-instalación-de-nombre-temido-aquí.
Abrí el libro, tomé un lápiz confianzudamente y me dispuse a estudiar. Véase: me dispuse. No sé por qué no me sorprende que no haya llegado a.
[kyuu] [oshitari yuushi] [información contable y gestión]
Sentí los pasos de una persona, y automáticamente agudicé el oído: no sé por qué, nunca me había gustado estudiar en frente de alguien, y si esa persona que había entrado no iba a quedarse, mejor. No me sobresaltó ningún otro ruido, así que proseguí con mi estudio.
–Hola~
–¡YUUSHI Y LA @#$%& MADRE! –me paré de un golpe, medio tragándome la mesa al hacerlo, y Oshitari me miró se sonrió, de esas sonrisas que te hacen querer saber en qué está pensando. Yo bien sabía en lo que pensaba YO: hijo de mala madre, algún día de estos te voy a matar.
"Es Yuushi" pensé con más calma, y me tranquilicé –Me asustaste.
–Lo noté –pronunció más aquel esbozo de sonrisa y me palmeó la cabeza, dejándome atontada. No me gustaba, pero era difícil acostumbrarse a un chico que no parara de tener actitudes dudosas contigo, Y MÁS CUANDO SABÍAS QUE ESAS ACTITUDES NO SIGNIFICABAN NADA–. ¿Estabas estudiando? –se sentó en frente mío, evidenciando que iba a quedarse. Shiiit.
–Resumiendo un poco –no sabía cómo decirle que se fuera sin sonar como una total maleducada, así que me quedé callada–. ... ... ... –levanté la vista, y lo encontré mirándome. Sonriéndome.
–¿No te puedes concentrar? Me voy.
–No, ¡no, está bien! –fue más el puro miedo a que pensara que ahora sintiera algo por él o no lo quisiera cerca que mis ganas de REALMENTE no tenerlo cerca–. Está bien, quédate.
–Me quedo –tonto. Lo dice como si no hubiera querido quedarse en primer lugar–. ¿Puedo mirarte mientras resumes, no te molesta?
–Qué sé yo, Yuushi, haz lo que quieras –me encogí de hombros, y por los veinte minutos que me tardaron las páginas (no tenían información, puros dibujitos) sentí sus ojos clavados en mí. Pero qué hijo de mala madre, realmente.
–¿Terminaste? –inquirió curiosamente cuando vio que cerraba el libro, y lo miré.
–De resumir, por lo menos, sí.
–¿Te tomo?
Le tendí el libro –Okay...
–No suenas muy convencida –comenzó a pasar hojas, buscando las que había que estudiar–. ¿Qué te sucede? ¿Te pongo nerviosa porque soy demasiado bishounen?
–¿Desde cuándo suenas como Atobe? –Medio me reí, pero yo sabía que él tenía razón–. La verdad, Yuushi... eres insoportable.
Largó una risotada sexy (pero ya aprendí que esa es su risa normal, no hay nada que hacerle) y por fin encontró las páginas –A ver, -tan.
–A ver, Yuushi-tan.
–No me llames así –pidió, sonriéndose–. Te sale muy lindo con ese acento tuyo, no me voy a poder resistir, .
Me comenzaron a arder los cachetes –... como quieras. ¿No estabas a punto de tomarme?
–Eres rápida para cambiar de tema –le echó un vistazo al libro, y luego me miró y corroboró: –¿Qué es un hecho económico?
Lo pensé por unos segundos –... un hecho que modifica al patrimonio neto y puede ser evaluado con valores.
–*Medido* con valores suena más correcto –corrigió sutilmente, y volvió a clavarme la vista luego de ayudarse con el libro–. Entonces, ¿podrías darme una definición de contabilidad?
–Es lo que sirve para me... dir...
–Recopilar, clasificar, registrar –repuso rápidamente–. Rekuraregi.
–¿Ah?
–Rekuraregi. Recuérdalo para ayudarte –esbozó una sonrisita–. ¿Me decías, -tan?
–La contabilidad es una forma de recopilar, clasificar y registrar los hechos económicos –completé.
–Tiene una función principal –me asistió el peliazul–. ¿La recuerdas?
–Ah, qué sé yo –automáticamente supe que no recordaba una !@#$%& y que no valía la pena ni intentar.
–Aportar información. -tan, eres inteligente, razónalo con esa cabecita tuya –estiró la mano y me agarró de la cabeza para despeinarme, DE NUEVO–. ¿Por qué querría yo tener un registro de lo que hago? Evidentemente, para transformar esos registros en información. Lo cual me lleva a hablar de...
–Los datos –repliqué, en modo robot. De eso me acordaba.
–¿Y por qué crees? –Apoyó un codo sobre la mesa y se sostuvo el mentón con la mano, mirándome tan fijamente que me resultaba imposible o de maleducada apartar la vista–. ¿Por qué te hace acordar la información a los datos?
–Porque la información, es, justamente... ¿un conjunto de datos? –a esto me sonrió y asintió una vez con un movimiento de cabeza.
–¿Tiene sentido si te digo que mi tío tiene treinta años, y los pájaros son azules, y el cielo hoy está gris? Porque ese es un conjunto de datos –wow. Me encantaba la forma de tomar de este chico. Quizá sea contraproducente, pero podría estudiar con él más seguido...
–No –negué, dándome cuenta de que me olvidaba de algo–. Porque la información debe estar compuesta por datos *procesados* que tengan sentido para quien los usa.
–Bien –aprobó, sonriente, y siguió tomándome lección–. Entonces, voy a suponer que lo siguiente lo sabes y que estamos de acuerdo que primero debemos captar los datos, luego procesarlos, y luego escribir informes en base de ellos. Ahora, ¿qué son los datos?
–Son antecedentes que... nos permiten... –cerré los ojos. Shiiiit, ¡yo me acordaba de esto! ¡Yo puedo!–. Nos... me rindo. ¿Ayuda?
–¿Cómo negártela? –¡Basta-de-coquetearme-diablos!–. Los datos nos permiten saber con exactitud un suceso. En cierta forma, expresan simbólicamente hechos, personas o cosas. Yo puedo decirte que si golpeo la pelota de tenis con la cara de la raqueta hacia arriba, la pelota se irá hacia arriba. Tengo mi suceso. Si me pusiera a estudiar qué fuerzas hacen que ocurra eso, tendría la expresión simbólica de mi proceso: mi dato.
–Yuushi, estoy a punto de contratarte como profesor particular –me sonreí.
–Gracias –me devolvió el gesto, agregándole un guiño de ojo–. ¿Seguimos?
–Sigamos.
–Si organizamos datos, obtenemos información. La información son datos organizados. Las dos cosas, como verás, son lo mismo, así que compréndelo de ambas formas así la sensei no te agarra desprevenida –pausó–. Ya casi terminamos con esto, pero primero dime qué dijimos en esta página.
–Que la información son datos –tomé aire–, es decir, antecedentes que permiten conocer con exactitud sucesos y que expresan simbólicamente hechos, personas o cosas –más aire–, dispuestos conjuntamente de manera que tenga sentido para el usuario.
–Perfecto –su sonrisa me dio el "10"–. Pasemos a la próxima página.
Leyó detenidamente por unos segundos antes de continuar –Para transformar datos en información, debemos procesarlos. Compáralo con una caja registradora: ingresas primero el código, busca el código, te dice qué ítem es. Lo mismo sucede acá. Primero ingresas datos, se procesan, y luego sale un resultado.
–Comprendido –asentí una vez con la cabeza.
–Obviamente, si los datos son procesados electrónicamente se le llama a eso "procesamiento electrónico de datos" –completó, y pasó de página–. A otra cosa.
Aguardé que leyera por unos segundos más, concentrándome bobamente en cómo sus anteojos reflejaban la luz. Cuando me miró, volví a la realidad –Ahora... viene...
–Cuentas contables –asistió–. ¿Recuerdas algo?
–Servían para...
–¿Diablos, -tan, estudiaste algo?
–¡Apenas resumí! –salté en mi defensa con un pucherito.
Se rió suavemente –No te preocupes, lo sé. Bueno, repasémoslo juntos: las cuentas representan *contablemente* -¿ves la relación?, ¿cuentas, contablemente?- la composición del patrimonio –me mostró un cuadro del libro, y su fino dedo se deslizó por la página mientras pronunciaba: –El patrimonio es un gran sistema dividido en tres subsistemas: activo, pasivo, patrimonio neto. Estos están, a su vez, divididos en rubros, que son como grupos que encasillan cuentas. A ver... para hacerlo más simple, dentro de las inversiones, que es un rubro, tienes títulos y acciones: cuentas. Todas estas se agrupan en el pasivo, que a la vez está influyendo sobre el patrimonio. Mira, tienes el cuadro hecho, ahí.
–Ajá –asentí–. Sí... creo que entiendo.
–Últimamente, lo que querrás con todo esto es demostrar qué es tu patrimonio. Por eso estas cuentas se denominan patrimoniales –vio que más o menos lo seguía, y se volvió a acercar el libro y comenzó a dar vuelta páginas–. Faltan tres conceptos más, creo.
–Te escucho –abrí bien los oídos.
–Tienes dos ecuaciones presentes en las empresas: la estática y la dinámica. La estática se queda siempre quieta como su nombre lo indica, y es porque no se ha realizado actividad alguna que genere resultados.
–Por eso nada más tiene lugar al comienzo de una empresa –completé, con cierto aire de orgullo.
–Muy bien –y no gastó tiempo en su explicación–. Entonces, tienes activo igual pasivo más patrimonio neto. Es así como es, no lo razones, tan sólo acuérdate.
Recordaba haberlo leído, así que no fue necesario repetirlo muchas veces.
–Y la dinámica puede cambiar. Puede ser activo es igual a pasivo más patrimonio neto con modificación de capital y resultados, o activo igual a pasivo, más capital, más ingresos menos egresos. ¿Se entiende eso, no?
–Sí. El activo y las pérdidas y las ganancias... sí, se entiende –terminé por afirmar. Sonrió de nuevo. Ay, qué linda sonrisa. Argh, estoy hecha una fangirl.
–De esto habló mucho la tipa –comenzó de pronto–. Así que intuiré que sabes: ¿variaciones patrimoniales?
–Permutativas: que producen cambios en activo y pasivo, pero el patrimonio neto permanece igual. Modificativas: que producen cambios en el activo y pasivo que acaban por modificar a nuestro patrimonio neto –recité de memoria.
–¿Partida doble?
–Se basa en la igualdad patrimonial y... qué sé yo, Yuushi.
–Anota las variaciones que se producen en el patrimonio de una empresa a partir de las operaciones que ésta realiza –contestó con paciencia–. ¿Tienes bien claro el debe y el haber?
–Es de lo único que habla la tipa.
Pensó antes de continuar –Bueno, bueno... –pasó una página–. Reglas de la partida doble.
–Recuérdamelas, onegai.
–Uno: una cuenta deudora tiene una acreedora que le corresponde. Dos: las cantidades debitadas deben ser iguales a las acreditadas. Tres: se utiliza la misma cuenta tanto como para entradas como para salidas de un mismo concepto. Cuatro: un concepto ingresado con determinado valor será consignado por ese mismo valor.
–Si leo eso dos segundos antes de que lo tome seguro me acuerdo –despreocupé–. Continuemos.
–Lo único que te queda es... –pasó dos, tres, diez páginas–. Registraciones en el Libro Diario.
–¿Eso que en éstas registraciones las anotaciones se llamaban "asientos" y se seguían los principios de la partida doble?
–Eso mismo.
Me sonreí con un alivio tremendo –¡Entonces, terminamos!
–Mañana es la prueba, mañana te tomaré todo lo que sabes –decidió, comenzando a levantarse–. No me defraudes.
Por alguna razón, sentí un compromiso enorme cuando dijo esto –¡Claro que no!
Una palmeada de cabeza, una sonrisa y un empuje de anteojos, y se fue. Me sonreí y peiné lo que él había despeinado. Lo peor de todo: ahora sí entiendo contabilidad.
~ Aocchi
-tan: Más informal y tierno que el "chan". Forma MUY cute de llamar a alguien.