Esperé pacientemente a que Syusuke terminara de practicar, echándole una mirada al cielo de vez en cuando, rezando que no se largue a llover. Lamentablemente mis plegarias no le llegaron a nadie, porque dos minutos después, llovía a cántaros.
[shichi] [fuji shuusuke] [lluvia y un estornudo]
-¿Fuji-kun?- lo llamé. Seguía golpeando la pelota contra la pared sin escucharme -¿Fuji-kun?
Otra vez no hubo reacción, y no la habría, no mientras estuviera perfeccionando sus técnicas.
-¿Syusuke?- terminé llamándolo por su nombre, cautivando su atención. Sus ojos azules me miraron.
-Mejor vamos, ¿si? Te vas a terminar enfermando- sugerí.
-Pero todavía no terminé...- repuso en voz baja.
-Por mi me quedaría todo el tiempo que quieras, y lo sabes, pero el clima está horrible- contesté -Y no quiero que te enfermes.
-Estás comenzando a sonar como Syuichiroh, -chan- bromeó, colocándose su campera y guardando su raqueta en su respectiva bolsa.
Mientras la temperatura iba en descenso, me acordé que, sin prestarle atención a las advertencias del reporte meteorológico sobre el frío que iba a hacer a la tarde y guiandome por el calor que hacía en esos momentos, había dejado mi campera en casa.
Temblé, frotándome los brazos para calentarme.
Syusuke volvió a mirarme.
-Te dije que tenías que traer abrigo- reprochó, tomando mi mano -¿Te presto el mío?
-No seas idiota- negué rotundamente -Te vas a enfermar. Déjame que me embrome por no escuchar el pronóstico.
Se escuchó un trueno, desatándose una tormenta.
-Y tampoco trajiste paraguas, presumo- chasqueó sus labios. Negué con la cabeza.
Meditó unos segundos y resolvió quitarse su campera y utilizarla como refugio para ambos de la lluvia.
Yo seguía temblando del frío.
-Abrázame así te mantendras caliente- indicó. Lo miré, como si el pedido que me estaba haciendo fuera psicótico.
-S-Syusuke...- titubeé, insegura, pero terminé haciendo lo que me indicó. Pasó su brazo por mis hombros y me acercó a él. Yo le rodeé la cintura con mis brazos.
-No tenías que acompañarme a practicar- comentó mientras caminabamos hasta casa -Vas a pescar un resfríado.
Ja, ya me acostumbré a decirle "casa". Ya no era más "casa de Syusuke"... simplemente "casa".
-Pero *yo* quise venir, después de todo- discutí.
-Ay, Dios...- se lamentó -Si te terminas enfermando, ¿qué hago?
-Nada- me encogí de hombros -No sería tu culpa.
Por estos últimos días, habíamos estado yendo a todos lados juntos, sea a hacer las compras, o a las canchas de tennis, o quizás al centro comercial...
Y ninguno de los dos se cuestionaba por qué no nos separábamos, ni negaba para nada que ya habíamos dejado de ser "sólo amigos".
-Es preferible que me enferme yo a que nos enfermemos los dos- intenté salirme de su abrazo -Ponte la campera y deja de preocuparte por mí.
-No seas irracional- no me dejó ir -Yo *sí* prefiero que nos enfermemos los dos.
-Has cambiado, Syusuke- acoté, medio en broma -Pensé que te gustaría verme sufrir.
-Es distinto- me corrigió, moviendo su mano para quitarme un mechón de cabello del rostro -Puedo hacerte bromas pesadas, pero jamás podría verte sufrir en serio. Y menos tomar frío.
Me sonreí -Lo sé, tonto. Era un chiste, sé que no eres así.
Pasó su mano por mi cabello -No sabía que eras capaz de hacer esas bromas- se notó un tono juguetón en su voz -Demuestra que todavía me queda por conocer sobre ti, -chan.
¿Qué puedo concluír de aquella sonrisa? ¿Por qué me dice las cosas que me dice? ...sin duda a mí también me quedan cosas por conocer de él.
Llegamos a casa, Yumiko esperándonos en la puerta.
A pesar de que nos separamos ni bien la vimos, sabíamos que Yumiko-nee no es estúpida. Ella sabe qué pasa. Sabe que quizás las sonrisas y miradas no son accidentales.
Al terminar de subir las escaleras, Syusuke estornudó.
Lo miré -Por lo menos dime que pudiste perfeccionar tus técnicas. No vaya a ser que te enfermaste y que *además* no pudiste practicar nada.
-Practiqué lo suficiente- replicó, frotándose la nariz con el dorso de su mano -En todo caso, iré mañana. ¿Me acompañarás...?
-Por supuesto- aseguré, sonriente.
Me devolvió el gesto, acercándose a mí. Apoyó su mano en mi mejilla, haciéndome temblar por lo fría que estaba su piel, y cerró el espacio que había quedado entre nosotros con un pequeño besito sobre mis labios. Acto seguido, nos metimos cada uno en su respectivo cuarto.
~ Aocchi