Me aproximé hacia el muchacho de ojos azules, quien veía televisión cómodamente, y me senté junto a él.

            Lo miré –¿Qué ves, Fuji-senpai?

[go] [fuji shuusuke] [maldad]

            –Un documental– susurró, sin apartar la vista de la pantalla.

            –¿Sobre qué?– desvié mis ojos hacia el televisor. Se veía como estaban operando a un tipo y poniéndole anestesia, así que los cerré con fuerza rápidamente.

            –Medicina– sus ojos, completamente abiertos, me observaron de reojo –¿Te hace mal, -chan?

            –Es una idiotez– lo despreocupé –Sólo me da impresión.

            –¿Impresión?– repitió, incrédulo –A mi me causa... fascinación. Podría verlo sin tener aquel impulso de cambiar de canal ni un segundo.

            –No eres de los que esto le revuelve el estómago, eso es seguro– acoté –¿No hay algo más en la TV?

            –Supongo– replicó –Pero quiero ver esto– me miró, pronunciando una sonrisa –Si quieres me voy arriba.

            –No, no hay problema– devolví el gesto rápidamente.

            Calladamente, lo observé mirar el documental. Realmente era un chico tan extraño...

            –Dime -chan– se sonrió con malicia, aunque todavía sin mirarme y prestándole atención sólo al televisor –¿Acaso mirarme te es más divertido que mirar la TV?

            Aparté la vista, avergonzada –N–no, es que...

            –Veo que sí– murmuró para sí mismo.

            Okay, ¿eso a mí que me significa?

            –Me das un poquito de miedo a veces– admití –Miras como operan a una persona sin siquiera parpadear.

            –¿Te doy miedo?– volvió a sonreír.

            –En un sentido de respeto– me apresuré a decir –No es que *actualmente* me des miedo...

            –Pensé que saldrías corriendo con la primera vez que me quedara tranquilo mientras alguien sufría– confesó, ahora sí mirándome –Superaste mis expectativas de compañera de casa.

            –¿Y eso es bueno?– parpadeé.

            –Sí– devolvió una sonrisa –Muy.

            Otra vez no supe qué contestar.

            Tomé una bocanada de aire –Sinceramente, sólo me parece que tienes un sentido del humor algo raro.

            Rió –Lo sé– comenzó a cambiar de canales –Lo que algunos fallan en ver es que también tengo sentimientos.

            ¿A qué va esta conversación?

            –Yo si me doy cuenta– dije, decidida –Me doy cuenta que a veces no quieres sonreír, pero aún lo haces.

            –Si vives conmigo eventualmente te ibas a dar cuenta– su volumen de voz era relativamente bajo.

            Suspiró –¿No piensas que soy lo que todos dicen que soy?

            –No– sorprendentemente, era una de mis primeras charlas realmente serias con Syusuke –...em, depende de lo que digan que eres, claro.

            –Sádico, mala persona, hipócrita– enumeró.

            –¡Por supuesto que no, Fuji-senpai!– aseguré.

            –Syusuke– corrigió –Vives conmigo. Puedes decirme Syusuke.

            –...bueno, Syusuke– lo complací –Yo creo que eres muy buena persona. Los que no se percatan de esto es porque los intimidas y no saben como eres en realidad.

            ¿De alguna forma, Syusuke Fuji se veía... triste?

            Luego, volvió a sonreir.

            –Ya. Que serios que estabamos recién, ¿no?– se rió levemente –No te voy a preocupar con mis problemas, así que no me prestes atención.

            Vacilé en decir algo, pero me callé.

            Maldita sea... no puedo decirle nada. De veras soy inútil

            –Si tienes problemas– atiné a decir –No me molesta escucharlos.

            –Es que no los tengo– aseguró, sonriente.

            –Pero todos los tenemos– discutí –Hasta la persona más feliz del mundo los tiene.

            –Eso seguro– se recostó en una mitad del sillón.

            Suspiré incómodamente.

            –¿Hay algo que pueda hacer por tí?– ofrecí, buscando eliminar aquel silencio horrible.

            –Hm...– vaciló –Simplemente no preocuparte.

            Volvió a sentarse, como quisiendo encontrar alguna posición en la que se sintiera cómodo.

            –Pero a mi me agradas– salté de la nada –Aunque me saques una foto después de decirle a media Seigaku que estabamos en una cita cuando en realidad no era así– hubo un tonito de broma en mi voz.

            –Debes admitir que fui un genio esa vez– se sonrió –Esa foto no tiene precio. Tus expresiones en sí no tienen precio.

            No sabía si tomarmelo como un cumplido o no.

            –Me alegra agradarte– sonrió más dulcemente que nunca –Temí caerte mal por un tiempo.

            Me limité a regocijarme internamente. Creo que Syusuke tiene muchísima dulzura escondida en algún lugar, sólo es cuestión de encontrarla.

            –¿-chan?– llamó, de la nada.

            –¿Hai?– inquirí.

            –Si hay algo que puedes hacer por mí– comenzó a decir, aunque un tanto inseguro –Es un pedido algo idiota, en realidad, pero...

            –¿Qué es?– algo hacía que mi corazón latiera muy fuerte. Syusuke estaba planeando alguna travesura.

            Me sorprendió cuando me miró con cierta solemnidad, sus ojos abiertos y destellantes –Quiero que me beses.

            Lancé una risotada –No caeré en esa broma.

            Miró hacia otro lado, avergonzado –No es una broma. Nunca besé a alguien, y simplemente deseó que mi primer beso sea contigo– volvió a mirarme –¿Me concederías ese deseo?

            –Por alguna razon sé que tienes la cámara escondida en algún lado– me crucé de brazos –No voy a caer, Fuji-senpai.

            Atiné a escuchar su siceante risa, pero no se sintió nada. Esto no era broma.

            Se acercó hasta donde yo estaba, en la otra punta del sillón.

            Sólo mirarlo a los ojos de nuevo me hizo saber que esto no era ningún chiste.

            –Syusuke...– fruncí el ceño –¿E–estás seguro de lo que me estás pidiendo?

            –Sí– su sonrisa se había borrado por completo, pero tampoco lucía triste, ni serio. Simplemente normal –Muy seguro.

            –¿Pero... por... qué?– no sé que se me había dando por indagar cosas justo en ese momento.

            –Porque sí– replicó con simpleza –Porque me gustas.

            Ni siquiera podía sonrojarme –  no entendía un diablo de lo que pasaba.

            Pasaron unos segundos de silencio, en los que Syusuke sin más vueltas resolvió que me mantenía callada porque no me molestaba "conceder" su "deseo".

            Me tomó por los hombros. No sé si estaba seguro de qué hacer, o no, pero a esta altura, la importancia que le di a esto fue minúscula. Acercó su rostro al mío hasta que nuestros labios se tocaron.

            Sus manos recorrieron mi espalda mientras profundizaba el beso. Y aunque este duró tan sólo unos pocos segundos, se sintió como mucho más en aquel momento.

            Se alejó de mí, dando otra vez su típica sonrisa.

            –Estuvo bien– concluyó. Me lo quedé mirando.

            –Syusuke...– mi voz salió en un murmullo –¿Q–qué es exactamente lo que sientes por mí?

            –Eso no importa– desvalidó –Pero deberías saber que no es nada pasajero. Por más que te falte poco para irte, no quiere decir que no podamos estar juntos, de mientras– otra sonrisa.

            –Pero...

            –Yo sé que también te gusto– me interrumpió –Y no lo puedes negar.

            Seguí callada. Una sonrisa apareció en mis labios.

            –Tienes razón– admití –No puedo.

~ Aocchi