[san] [ootori choutarou] [atajo]

            Miré a mis compañeros, miré el cartel de "PROHIBIDO EL PASO", volví a mirarlos.

            Chasqueé mis labios, negando con la cabeza –No voy a entrar ahí.

            Gakuto me echó una miradita, perplejo –¿Tienes miedo, ?

            –¡Nada de eso!– me crucé de brazos, ofendida –Pero...– me llevé mi dedo pulgar a la boca, mordiéndome las uñas nerviosamente –Por algo está el cartel ese ahí, sabes, Mukahi.

            –Oh por Dios– el pelirrojo se rió –Sí tienes miedo.

            –La rubia tiene toda la razón, a pesar de todo. Yo no me voy a meter ahí– Shishido se puso de mi lado.

            –En mi humilde opinión– saltó Oshitari –No tienen espíritu de aventura alguno. Par de amargos.

            –Yuushi– hablé, mi tono de voz amenazante –No veo por qué tengamos que tomar un atajo que partamos desde que no está permitido **sólo** para regresar a la finca.

            –Es *divertido*– explicó, con la lentitud con la que uno le explicaría cómo se hace una raíz cuadrada a un niño de seis años.

            –Ese camino está prohibido, Oshitari-senpai– comentó Choutarou con preocupación –Y no sabemos bien por qué. Mejor no averiguarlo, ¿sí?

            –Si tienen la más mínima pizca de dignidad– Yuushi se acomodó los anteojos con aire soberbio –Vendrán. Sino, vayan por el caminito seguro y feliz...

            –...donde no los atacarán los monstruos– completó Gakuto en tonito de burla.

            Shishido, Ohtori y yo nos miramos, dando un suspiro.

 

            Me gustaría recordarme a mí misma, "¿Qué se supone que hago aquí?". Podría haberme quedado en la finca, reclinada sobre una silla, pero *no*, había decidido ver el partido de dobles Gakuto–Yuushi y Ryo–Choutarou. Las canchas en las que querían jugar, particularmente las de arcilla, estaban un poco más lejos que las otras.

            Así que los seguí pacientemente, siendo la única mujer entre cuatro hombres. Atobe estaba sumido en sus cosas, Kabaji como de costumbre cerca de él, y Hiyoshi practicando con sus artes marciales en algún rincón de la morada.

           

            Volví a mirar a mis compañeros.

            –Shishido-kun, Ohtori-kun, ¿vamos?– comencé a tomar el camino seguro.

            –Si no tomas el atajo– amenazó Gakuto –Me parece que se nos escapará algo que no quieres que digamos...

            Mis ojos se abrieron de par en par –¿D–disculpa?

            –Bien pensado, Gakuto– Yuushi le palmeó la espalda al aludido –Bien pensado.

            Di un suspiro incómodo –Chicos...

            –¿De qué hablan, -senpai?– cuestionó Choutarou con algo de inocencia.

            –Pregunto lo mismo– agregó Shishido, indignado.

            –Estos dos se enteraron de algo que no tendrían que haberse enterado– expliqué con ligereza en mi habla –No es nada, en realidad, pero...

            –Para tí evidenmente lo es– reconoció Shishido.

            –Blah, se los digo ya– me encogí de hombros –Se enteraron de que a veces duermo con un osito de peluche. Es una idiotez.

            Gakuto y Yuushi se comenzaron a reir.

             –Eres un desastre mintiendo– Oshitari se sonrió, complacido.

            Los otros dos compañeros de dobles me miraron, como exigiendo una explicación.

            –No me pueden hacer ir por ese camino– me crucé de brazos nuevamente –Lo siento. Ya saben mi secreto.

            –Entonces no te molestará que contemos *otro* secreto tuyo– presionó Oshitari –¿Hmm?

            –Por supuesto que no– me puse firme, pero en realidad, estaba temblando.

            –No debe ser nada terrible. Sólo quieren preocuparte, -senpai– Ohtori intentó calmarme, pero él no sabía lo que ellos sabían.

            –¿Lo decimos a la cuenta de tres, Yuushi?– Gakuto miró al aludido.

            –A la una, a la una y media...– Oshitari observaba como mi rostro enpalidecía con placer.

            –-senpai– Ohtori volvió a llamarme –No les prestes aten–

            –Iré con ellos– decidí repentinamente, interrumpiendo a Choutarou, dándome cuenta de que eran más que capaces de soltar el secreto que se me había escapado la otra vez.

            –Buena chica– Yuushi sonrió.

            –¿Me lo estás diciendo en serio?– Shishido frunció el ceño –¿Qué *diablos* es tan importante que nadie puede saber, ?

            –Quéteimporta– solté con rapidez, uniéndome a Yuushi y a Gakuto mientras abrían la puerta con la temida inscripción de "PROHIBIDO EL PASO" –Ustedes– los miré –Yo no se los puedo creer.

            –No hagas que me arrepienta y se me escape– Oshitari me empujó hacia adelante –Tú ve primera, se nuestra líder.

            –¡Olvidalo!– ya había comenzando a oscurecer, y el caminito no se veía nada prometedor –N–no...

            –Iré contigo, -senpai– Choutarou caminó hacia donde estaba yo.

            –No tienes que sufrir por ella, sabes– Gakuto acotó –Ella tiene la culpa de habernos contado sobre su pequeña *símpatía*...

            –¿Simpatía?– Shishido me miró, serio.

            –¿S–simpatía?– Choutarou parpadeó.

            –¡Basta!– estaba consciente de que me había puesto roja –Mukahi, por favor– miré a mis otros dos compañeros –Es un estúpido, ya dice locuras, no presten atención...

            –Con que eso era...– Ryo arqueó una ceja –Está bien, igual, no me importa– me golpeó con lo que él sólo podría considerar cariño en la cabeza –Pero eres una tonta, mira a quién le vas a contar quien te gusta.

            –Yo no les dije– expliqué, apenada –¡No sé ni de qué están hablando!

            –Hacerte la estúpida no te sale muy bien– Shishido me echó una miradita significativa.

            –Dejen de molestarla a -senpai– Choutarou alzó su voz –Y mejor tomemos el atajo antes de que anochezca.

            –Muy bien– Oshitari y Mukahi tomaron la delantera, evidentemente olvidándose de que *yo* era la líder, supuestamente.

            Cerré con cuidado la puertita de madera, y nos pusimos en marcha.

            Largué el aire con cierta incomodidad, preguntándome si realmente podíamos estar seguros que este camino conducía devuelta a la finca.

            Era un sendero algo angosto, más bien repleto de plantas que no te dejaban ver muy bien hacia dónde iba. No me quise ni figurar cuantos insectos me podrían haber estado picando mientras caminaba en una minifalda de jean por allí.

            Gakuto y Yuushi lideraban el camino, altaneros. Atrás estabamos, en orden, Yo, Choutarou y Ryo, éste último bastante indiferente ante toda la situación.

            Una mosca o lo que fuese zumbó muy cerca de mi oído, haciendo que me cubriera las orejas con mis manos.

            Choutarou me miró –¿-senpai?

            –E–estoy bien– repliqué, viéndome forzada a seguir caminando por más que no quería.

            Nota para mí misma: odio a Gakuto y a Yuushi. Mejor dicho, odio a Yuushi y detesto a Gakuto aún más que antes.

            De repente llegamos a lo que parecía un pequeño precipicio. Abajo, se veía una pequeña laguna, evidentemente hecha de agua estancada allí a causa de las lluvias.

            Frené en seco, viendo que lo único que nos llevaba hacia el otro lado era una plancha de madera.

            –Yo *ni muerta* cruzo por ahí– me puse terca –Ya está, muy divertido el caminito, regresemos por donde vinimos.

            –Te estás olvidando de nuestro pequeño trato– Oshitari recordó.

            –P–pasen ustedes primero– les indiqué a Choutarou y a Ryo –Ahí voy, necesito juntar valor.

            Shishido mofó sarcásticamente antes de cruzar. Ohtori sólo se limitó a mirarme.

            –– Gakuto se puso serio –Si te piensas que ahora puedes salir corriendo te hago acordar de que no tengo miedo de divulgar tu secreto en el periódico escolar.

            –¡Que no existe tal secreto!– chillé.

            –¿Entonces por qué viniste aquí?– Shishido me miró.

            –P–porque... porque...– comencé a dudar –¡Ah, diablos, idiota!– estallé –¿Estabas de mi lado o no?

            –Sólo preguntaba– el aludido se encogió de hombros.

            Choutarou pasó hacia el otro lado –-senpai, si la madera me resiste a mi, te resistirá a tí. No tengas miedo.

            Intenté ignorar las risas que esto les provocaba al par de idiotas que me metieron en esto.

            Miré hacia abajo –Esto no me gusta.

            –Son sólo cuatro pasos– estiró su mano –Cuatro pasos y llegas aquí.

            Me lo quedé mirando. ¿Quiere que tome su mano, o algo? No comprendo.

            –– Yuushi me apuró –Intenta hacerla corta.

            –Oi, oi, , vamos– apresuró Gakuto –No tenemos todo el día.

            Di un paso, tragando saliva.

            –-senpai– Ohtori volvió a llamarme –Por las dudas cruza rápido.

            –¡Ya voy, ya voy!– tomé la mano que se me había ofrecido y cruce de una. Los otros tres me aplaudieron con sarcasmo.

            –¡Por fin!– Oshitari resumió la marcha –Ahora sigamos.

            Miré hacia atrás, mareándome ante el sólo pensar de que *podría* haberme caído allí. Dudo que me hubiera lastimado seriamente, la distancia no parecía ser tanta, pero quién sabe que tipo de cosas vivirían en aquella laguna.

            –-chan– llamó Yuushi –¿Vas a soltar a Choutarou o tienes pensado ponerle collar y usarlo de mascota?

            No sabía si avergonzarme o enojarme ante esta frase. Solté la mano de mi compañero y me crucé de brazos, murmurando un "Estúpido".

            Ohtori me sonrió –No hay problema alguno, -senpai. A veces no tienes que escuchar lo que ellos dicen.

            Derritiendome ante su sonrisa, hice lo mejor que pude para devolverle el gesto.

            Ya había casi anochecido, y sentía que el atajo estaba durando una eternidad. No me había esperado el tener que cruzar por una especie de sendero que medía un metro de ancho, pudiendo tranquilamente caerme por un barranco.

            –¿A dónde *da* este camino? En serio– me preocupé –Siento que estoy en otro lugar distinto.

            –Exagerada– masculló Shishido.

            –Tal vez lo fui un poco, sí– admití avergonzadamente –Pero no puedo esperar a que termine.

            Todos caminaron lo más campantes, mientras que yo dudaba sobre cada pisada.

            –-senpai– me volvió a llamar aquella voz conocida –Creo que falta poco, no frenes ahora.

            –Hai– asentí cabizbaja.

            Se sentían las risitas de Gakuto y Yuushi.

            –Senpai–tachi– protestó Choutarou –No es gracioso que -senpai tenga miedo. No la hagan pasar un mal rato.

            –Algo me dice que eso no es lo que les causa gracia– comentó casualmente Shishido.

            –¿Qué pasa, entonces?– el muchacho alto frunció su ceño.

            –¿No los ves? No les da la cabeza– repuse yo, escondiendo mis nervios.

            –A los únicos que no les da la cabeza es a ustedes dos– devolvió Gakuto, poniéndose a la ofensiva.

            Iba a contestar, pero me distraje y por poco di un paso en falso. Al asustarme me colgué de los brazos de los que tenía más cerca, es decir Shishido y Ohtori, pero este primero se alejó de mi con rapidez.

            –Para mi lo está haciendo a propósito– comentó Gakuto en voz baja a Yuushi.

            Me volví a soltar de mi compañero, decidiéndome que no volvería a hacer eso nunca más.

            Así, pasé a Gakuto y a Yuushi y me establecí a la delantera. El atajo terminó poco después.

***

            Ni bien llegamos a la finca, nos dispersamos.

            –¿Te doy un consejo?– Yuushi susurró en voz bajita en mi oído –En cuanto más rápido le digas, mejor para ambos.

            Observé como se dirigía a su cuarto, perpleja.

            Nota para mí misma: no importa lo que me digan, sigo odiando a la pareja de Dobles 2 de Hyoutei.

~ Aocchi