Lo que pasa en el castillo se queda en el castillo ~Chitose Side~

            –¿Perdida como yo, eh? –Senri sonrió ligeramente, y comprendió que se podía relajar. Era él, su amigo, no un monstruo. Por suerte–. Bueno, admito que ni me molesté en encontrar la salida, pero ya me harté de dar vueltas.

            respiraba agitadamente –Chitose. Decime quién sos antes de asustarme así, por favor.

            “Clac”, “clac”, “clac”. Sus zapatos hacían ruido contra el cemento bajo sus pies. Tanto, que se preguntó cómo diablos era que no lo había escuchado acercarse.

            Chitose mantenía sus manos en los bolsillos, y no lucía demasiado entusiasmado –aunque tampoco completamente aburrido– sobre toda la idea. Digamos que todo esto sobre la casa del terror lo afectaba poco y nada. Era una cosa de mentira llena de gente disfrazada. Nada más. Pero, de alguna forma, encontrarse con , así tan casualmente… quizá podría alegrarle un poco su estadía en el castillito.

            –Ay… tonto, no sabés cómo me asusté – terminó de recuperar el aliento y se le acercó–. Me vino una cosa de atrás y susurró en mi oído…

            –¿Te asustaste por eso? –indagó Chitose, quien jamás la había visto como el tipo de chica que le teme a algo así, pero se ve que él era el único que no se veía afectado por las circunstancias en las que estaban.

            –¡Sí! –asintió fervorosamente–. Pero, mejor, vení. Me parece que voy a terminar pidiendo que me saquen de acá si, por lo menos, no salimos de las catacumbas rápido.

            –¿Por qué? ¿No querés que te encuentre tu exnovio?

            Chitose recibió un golpe en el brazo por esto, y sintió que le jalaban la mano, viéndose obligado a seguirla con una pequeña sonrisa burlona aún presente sobre sus labios.

*-*-*

            Las volteretas que dio por todo el lugar eventualmente los llevaron al nivel superior del castillo, donde parecía que hubiera estado la entrada principal si no hubiera sido porque esta, por supuesto, estaba blindada y cerrada con un par de candados que lucían bastante pesados. Se ve que Atobe no estaba bromeando cuando especificó que la única forma de salir –victorioso– era por las terrazas del piso superior.

            jamás lo admitiría en voz alta, pero, ahora más que nunca, estaba muy asustada. Como si tomarlo a Chitose por el brazo haciendo una presión con los dedos sobre el susodicho que cortaría la circulación de cualquiera no fuera suficiente, la planta baja no era mucho más acogedora que las catacumbas de abajo. Un par de velas flotando en medio del aire iluminaban el comienzo de cada corredor, y lo único que se veía en la oscuridad de cada uno era otra vela, y más eternidad negra. En el living, las escaleras –revestidas de una alfombra cuyo color era vagamente distinguible, ya que lo más distinguible eran las manchas de algo oscuro que la adornaban– daban a un piso de más arriba, y esto era algo tentador, peser a que ambos sabían que la salida no podía posiblemente ser tan obvia. Un par de guías (de aquellos a los que les tenías que lloriquear por ahí) rondaban por allí, todos en trajes de sirvientas y mayordomos, y lo único que hacían –al verte– era seguirte profundamente con una mirada vacía.

            –Esto es igual a la “Mansión Embrujada” de Disney –comentó en voz alta, mirando a su alrededor.

            –Sí, yo también vi esa película –asintió Chitose, ahora comprendiendo porque el ambiente le sonaba tan familiar–. ¿Pero no se supone que esto tenía que ser un castillo, no una mansión?

            simplemente se encogió de hombros.

            –Bien –Senri arrugó los ojos, intentando ver mejor, pero esto, no muy sorprendentemente, no resultaba–. ¿Blanco o negro, ?

            La aludida lo miró, sin entender a qué iba la pregunta –¿Blanco?

            –Sí, a mí también me gustaba más el camino de la izquierda –y Chitose comenzó a caminar hacia allí, pero pronto volvió a colocarse a sí misma en posición de lider. No era que necesitara liderar, no, en absoluto. Nada más la ponía un poco más tranquila saber que el monstruo que viniera por atrás lo agarraría a Chitose primero, quien, con su temple de acero, probablemente le diría con tranquilidad que lo soltara. Si fuera la que asustaran, en cambio, de seguro saldría corriendo con tanta velocidad que terminaría perdiendo a otro compañero.

            –¿ ?

            –¿Qué hay? –la joven volteó bruscamente, poniéndose en posición de karate. A esto, Chitose alzó levemente sus cejas, un tanto entretenido–. Ah, tonto. No me asustés así.

            –No fue mi intención. ¿No crees que estás un poquito tensa? Bueno, de todas formas –comenzó Senri, no sin antes levantar la cabeza y examinar el pasillo por el que caminaban–, te tengo una propuesta.

            aguardó en silencio, temporalmente frenando la marcha y asegurándose, al arrugar los ojos, que Chitose siguiera en su campo visual, ya que, en la tremenda oscuridad, era difícil decir si estaba delante suyo o no.

            El joven pasó una mano por sus enmarañados cabellos antes de continuar –Puedo sacarte de acá, en… hm… digamos, diez minutos. De reloj. Contalos si querés –una sonrisa esbozó por sus labios–. Pero tenés que dejarme ir adelante, y darme algo a cambio.

            La expresión entretenida de podía percibirse, aún en casi completa oscuridad –¿Ah~? ¿Cómo qué?

            –Tu elección.

            Una sonrisa poco beligna escapó los labios de antes de anunciar alegremente: –¡Te doy un beso!

            Chitose encontró esto bastante gracioso –¿Y por qué, tan de repente?

            –¿No es lo que cualquier chico quiere? –inquirió la chica, a lo cual Senri asintió poco convencido, pero como obviamente no podía verlo, se quedó en silencio, esperando una respuesta–. ¿Chitose?

            –¿Qué? Estoy acá.

            –¿Entonces por qué no me contestas?

            –Te contesté –aseguró Senri con obviedad y agitó una mano frente a la cara de la chica–. ¿No me ves?

            –No, pero si siento tu mano –repuso , tomándolo de la muñeca para frenarlo. Chitose simplemente deja que lo frenen, sin oponer ningún tipo de resistencia.

            – , una preguntita.

            –¿Hm?

            –¿Si tantas ganas tenés de darme un beso, porque no me lo das ahora? –sugirió Senri, fallando en su intento de sonar inocente. sonrió a esto.

            –Buen punto. Es que… el lugar es bastante inadecuado, y no sé dónde está tu cara…

            Chitose condujo las manos de la joven hacia sus mejillas, haciendo que las palmee suavemente para comprobar lo que iba a decir: –Estoy acá.

            En ese momento, cuando arrojó sus manos alrededor del cuello del chico (y casi sacándole un ojo en el progreso, aunque Senri, siendo tan budista y todo, no dijo ni “mú”), ella realmente deseó que Akazawa entrara ahí, en ese momento, y los viera juntos. Un milisegundo después se sintió mal por sus pensamientos, ya que pensó que quizá su subconciente estaba buscando refugio en Chitose para poder demostrarle a Akazawa Youshirou (¡ese inepto!) que ella no tenía más problemas, pero descartó esta idea como ridícula. Otro milisegundo más, y en vez de estar besándose, estaban –bueno, estaba, porque Chitose nada más era arrastrado– corriendo por sus vidas.

            – , calmate, creo que era una guía no más –intentó tranquilizarla Chitose, haciendo un poco de fuerza para que fueran más despacio, pero era inútil: nunca se podía subestimar a y lo rápido que podía correr, aún vestida con sandalias de taco medio Louis Vuitton.

            No dejaron de correr en ningún momento. Una vez fue cuando Chitose pedía por favor parar porque sus ojotas ya le dolían, pero no pudieron frenar a causa de que un estudiante de Saint Rudolph (Mizu… algo, o eso entendió Chitose) se les cruzó en el camino y tenía toda intención de saludarla a . Y en otra ocasión, una… cosa rara de origen dudoso intentó asustarlos, y lo logró – por lo menos con . Así fue como, debido a la circunstancias y a la velocidad a la que iban, de pronto…

            Vieron la luz.

            Ah… cómo extrañaban la luz.

            –¿… llegamos? – abrió los ojos como platos, sin haberse estado esperando que el correr como histérica sin ver a dónde iban los llevara hasta la salida–. Wow.

            –Sí, concuerdo –Chitose adhirió, asintiendo con la cabeza y saludando con su mano libre a Koharu y Yuuji, quienes ya estaban a salvo en la luz. Esto no le extrañó a ninguno de los dos, porque bien sabían que Koharu no tenía un coeficiente intelectual de 200 por nada.

            –Te debo algo –recordó , como recordándole a Chitose que se lo recuerde luego [la cantidad de usos de “recordar” me hace acordar a una rima…].

            –De hecho, no. En serio, , podrías besarme y ya –Senri medio rio, y lo próximo que supo es que los labios de la chica proclamaron los suyos apresuradamente, como sin querer que Koharu y Yuuji los vieran, cosa obviamente imposible.

            –¿Eh? ¿Qué les pasa a ustedes ahora? ¿Ustedes también? –Hitouji los señaló con el dedo índice, ofendido–. Bueno, no se crean que nos van a robar el título de pareja perfecta, ¡no los vamos a dejar!

            –Claro que no, claro que no –concordó Konjiki en broma, palmeando a su compañero de dobles en la cabeza para que se “calmara”.

            –De hecho, fue una apuesta –Chitose aclaró con una sonrisa y mirada cómplice a la joven, quien tenía todas las intenciones de acotar algo pero se calló súbitamente al recibir esa mirada, diciendo que el chico tenía razón: mejor no soltarlo todo ahora.

            Aún así, luego, al seguir dando vueltas por la feria, se pegaba al brazo de Chitose ni bien notaba en su campo visual a alguno de Saint Rudolph. Por las dudas. Quizás serviría de algo, y mientras que a Senri no le molestara…

~ Aori

[11/2/07]

Me disculpo por la patética excusa de Chitose. Hice lo que pude, lo juro .__.