Lo que pasa en el castillo se queda en el castillo ~Akazawa Side~

             –¿Qué hacés acá?

            En respuesta recibió una mirada fulminante, un gesto ofendido y un sonoro bufido.

            –¿Qué hacés vos acá, Yoshirou? –devolvió secamente, intentando sonar como que no se había esperado esto ni un poquito, cuando en realidad, ella lo había visto entrar–. ¿Invitaron a Rudolph al festival también?

            Akazawa intentó no verse demasiado afectado por este comentario –Claro que nos invitaron. ¿Veo que a Shitenhouji también?

            –Esa es una pregunta idiota –replicó burlonamente–. Obvio que invitaron a Shiten.

            –Claro –Yoshirou hacía lo posible para no sonar rencoroso contra su exnovia, pero no podía evitarlo si era ella la rencorosa en primer lugar–. ¿Estabas perdida?

            –No, estaba acá admirando la arquitectura de un castillo de mentira – puso los ojos en blanco–. Sí, estaba algo perdida. Pero mejor sigo. Chau, es bueno ver que estás bien.

            – , esperá un segundo –Akazawa la frenó, y hizo lo pedido, aunque como quien no quiere la cosa–. No te pregunté si estabas perdida para humillarte, calmate. Pensé que… no sé, que tus amigos te habían dejado o algo así…

            La joven sintió una presión rara en su pecho –Claro que no. Tan solo los perdí de vista. Ellos no me dejarían.

            Indirecta, indirecta. Y Akazawa la recibió como se recibe un puñal en el estómago: una mueca de dolor.

            –No, ya sé que no –despreocupó Youshirou, aunque él era el único preocupado por cómo trataban sus nuevos compañeros a la chica que, en algún momento, le había robado el corazón (y al parecer nunca se lo devolvió: desde su punto de vista, prefirió hacerlo pedazos).

            –No, no sabés. Honestamente, Youshirou, no puedo creer que pienses que mis compañeros serían capaces de algo así ––

            –No metas palabras en mi boca –pidió Akazawa, dejando un poco de lado la cortesía, algo bruscamente–. Sos tan orgullosa, que sos capaz de decidir merodear sola por acá.

            le arrugó los ojos, cruzándose de brazos en un intento de lucir más ofendida de lo que estabas –Sí, tenés razón. Me olvidé que me conocías como la palma de mi mano, Youshirou, perdón.

            El moreno no gastó tiempo en prestarle atención al sarcasmo de la joven y, cuando esta se largó a caminar, decidió, pese a que probablemente iba a terminar con un zapato caro clavado en la cabeza, seguirla. Hace mucho tiempo que él había tenido todas intenciones de aclararle que no había roto con ella porque no le gustaba – cosa que se esforzaba en no entender, y lo peor de todo es que Akazawa admitía que había sido egoista al pensar que entendería. A esa altura de su vida comprendió que las chicas no se toman bien la excusa de “no sé lo que siento” – aunque en el momento no fue una excusa.

            –¿Para qué me estás siguiendo?

            Akazawa la miró, sin cambiar de expresión, pero sin tampoco saber cómo decirle que no quería que esté sola –No te estoy siguiendo –masculló poco creíblemente.

            –Youshirou – no lograba recordar cuánto odiaba ese nombre: a la vez que casi lo escupía al decirlo, le era casi adictivo–. ¡No me mientas, no soy tarada!

            Akazawa pateó el suelo –¡No te estoy mintiendo!

            –¡Entonces no me sigas, pedazo de @#$%!

            Había sido la discusión más escasa de sentido que habían tenido en sus vidas, pero le dejó en claro a Youshirou que lo último que quería la joven, era su presencia cerca. se esfumó por un pasillo oscuro y desapareció…

            … para volver unos treinta segundos después.

            –¿¡Seguís siguiéndome, pervertido de m@#$%!? – sabía que le tenían que estar haciendo un chiste. Sí, sí. Escuchaba el sonido de las carcajadas por televisión mundial al presenciar su situación. Era todo demasiado cliché como para caer en la cuenta de que esto le estaba pasando, de verdad.

            –¡No te seguí, , dejá de histeriquear! –Akazawa se defendió arrugando los ojos–. ¿¡No se te ocurrió que debe de haber caminos que van en círculos acá!?

            La muchacha dio un laaaaargo respiro (e igualmente largo resoplido) para calmarse –Te voy a decir la verdad –comenzó, acercándose a él con el dedo índice erguido, reprimiéndolo–: no te creo en lo más mínimo, pero vamos a suponer que sos inocente. Si tenés ganas de que te perdone, sacame da acá ya.

            Si no hubiera sido porque Akazawa la conocía bien cuando se hacía la mala (pensar que en una época solía hasta excitarle un poco esa actitud suya…), le habría tenido miedo. Pero no. No había lugar para eso.

            –Buscá la salida sola –espetó el moreno, como queriéndole dejar en claro que la había hartado y que no tendría su ayuda nada más cuando le convenía. Taku. Y pensar que él se le había acercado con todas las intenciones de que salieran de ahí juntos…

            –No… pará… Youshirou –una mano sobre su musculoso brazo era lo único que él necesitaba para quedarse estático en el lugar–. Reconsideremos algo. Si nos separamos, ¿cuáles son las chances de que encontremos a alguien de nuestro equipo en nuestro recorrido?

            –Qué sé yo –replicó Akazawa sincera y secamente, intentando ignorar las perfectas manicuras hundiéndose en su brazo–. Decidite, .

            Una mueca de dolor, y la chica apartó su vista. No es que hiciera mucha diferencia: las catacumbas de por sí estaban oscuras –Supongo que no estaría mal… charlar… aunque sé que no es el lugar, pero no es que necesitemos ningún tipo de ambiente, esto no es una cita, y nada más puede pasar entre vos y yo –declaró entonces con mucha rapidez en su voz–. Pero… hace mucho que no hablo con ninguno de ustedes, y…

            –Hablemos –desistió el muchacho, sacudiendo el brazo para librarse de su agarre, y lo logró. Ahora, caminaba a la par suyo por la oscuridad. Casi parecían amigos…–. Al decir verdad… yo también quería saber de vos.

            –Ay –suspiró , enternecida–, diciendo eso, hasta parecés bueno y todo.

            –Callate –el morocho ladró bruscamente, pero luego volvió a suavizarse–. Bueno… y… contame. ¿Cómo te trata Shitenhouji?

            –Bastante bien. ¿Rudolph sigue igual que antes? –y la joven se sonrió apenas nostálgicamente–. ¿La monja lesbiana esa me extraña?

            –Está mucho mejor desde que no tiene alumnas que le escupan la cara –replicó con una risa que no le hubiera salido si no hubiera presenciado la anécdota con la monja con sus propios ojos–. Sí… Saint Rudolph está… bastante aburrido. No ha habido más rebeldes desde vos.

            –Eso es desilusionante de escuchar –se quejó , cruzándose de brazos–. Uno pensaría que mi actitud inspiraría a las masas, pero mirá, por hacer lo correcto me ignoran…

            –A veces me asusta esa actitud de líder revolucionaria –Akazawa sonó tan relajado y bromista al decir esto, que a casi se le erizan los pelos de la nuca a causa de ello–. Pero por eso supongo que estás mucho mejor en una escuela que no sea tan…

            –Rompebolas. [1]

            –No era la palabra que buscaba, pero, bueno, sí –Youshirou suspiró–. Ay, ,

            –¿Qué?

            –Nunca vas a cambiar, tonta –el moreno le palmeó la cabeza, y dos segundos después entendió que todavía no tenía permiso a ser tan… familiar con ella. No importó. no emitió un chillido histérico, sino que se regocijó.

            Okay, algo estaba mal acá.

*-*-*

            –Youshirou…

            –¿Hm?

            –¿Nosotros no éramos dos exnovios que se odiaban?

            Pensó la respuesta –Hm… sí.

            –¿Entonces? Soltame la mano.

            –No quiero.

            –Bueno, estamos en un problema.

            Hubo un par de segundos de pura tensión. Y no. Todavía no habían salido ni de las catacumbas, y estaban considerando darse media vuelta e irse por la salida de emergencias.

            –¿Soy un desubicado si te pido perdón ahora, no?

            se rió amargamente –Más o menos –y su risa cesó de golpe, casi tan abruptamente como surgió.

            –¿Volvemos?

            sintió como le apretaba la mano, y fue como recibir un puñal en el estómago.

            –Mis compañeros…

            –¿Sabes lo que me importan tus compañeros?

            La chica apretó los ojos para que se cerraran. ¿Quería saber más de esta relación, o no quería? ¿Qué quería?

            – , yo te amo, y me parece que ninguna otra persona te podría decir algo así como te lo digo yo.

            Shit. [ estaba tan acostumbrada a hablar en espanglish que ya ni maldecir en su idioma le salía]

            –No sé cómo contestarte eso –ella miró hacia abajo, decidiendo que era momento que su reina del hielo interior saliera a relucir.

            –No creo que me importa – quería seguir caminando, pero Youshirou la frenó. Y pronto Youshirou tenía sus labios sobre los de la joven, también. Y maldito fuera, pero no podía decir que la estaba pasando mal.

            se separó de golpe, agitada, avergonzada, todo a la vez –Vayamos a hablar esto a otro lado, ¿querés?

            –Vamos afuera, mejor –decidió Akazawa, sonriéndose al sentir con sus dedos el esbozo de sonroj que la muchacha ahora portaba sobre sus pómulos. Y, claro, sonriéndose ante el por fin haber podido aclarar las cosas. De alguna forma.

            –Dejame decirte de entrada que si estás confundido de nuevo y me volvés a cortar, te voy a buscar a tu casa y te prendo fuego, ¿entendiste? – masculló mientras sacaba el celular. Era arrastrada por la mano de su ¿ex?novio por la oscuridad al escribir el siguiente mensaje:

            “chitose, dcile a los chicos q los veo dps”

            Cuando por fin vieron la luz del día de nuevo, recibió la respuesta:

            “q? m estas engañando con otro hombre q t tnes q ir?

            jaja mntira

            nos encontramos dntro d una hora en la calesita.”

            Por suerte Youshirou no se percató de la cara que puso al leer esto.

           

~ Aori

[5/4/07]
:Q La diferencia de tiempo entre este y el de Chitose es PATÉTICA.

[1]: Argentinismo para “molesto”, aunque en este caso, es más bien "estricto".