She left me

Fue horrible, y sabía que lo sería desde el mismo momento en que abrí la ducha para bañarme. Estuve incómoda toda la noche, supongo que quizás era porque la conciencia me carcomía. Casi dolía cada vez cada vez que Bane-san me sonreí, o incluso cuando posaba sus hermosos ojos sonrientes en mí. Él era demasiado bueno para sufrir esto; demasiado perfecto para que yo le hiciera algo así; era demasiado bueno para que arruinara el día de su cumpleaños así.

Fue muy difícil representar la pantomima de novia radiante de felicidad, y mucho más cuando sabía que en pocas horas, esa sonrisa dulce que me dirigía cada pocos segundos desaparecería de sus labios y de sus ojos. Y yo amo sus ojos, los amé incluso antes de hablar con él. Son tan brillantes y… sinceros… Llamaron mi atención desde el otro lado del aula.

Recordé el día que lo conocí, mi primer día en Rokkaku. Yo me estaba aburriendo en literatura japonesa, el profesor tenía un don para convertir la Orestíada en un sencillo capítulo de La vida reproductiva de las larvas. Pero mientras mis ojos recorrían el aula para buscar algo, lo que fuera, para distraerme, me encontré con un par de ojos oscuros mirándome, que al instante de notar que la mirada era retribuida, su dueño se sonrojó y desvió su vista. Uno de sus amigos, de cabello blanco y negro, se inclinó hacia él y le susurró algo, a lo que el chico se sonrojó aún más y rió.

Recuerdo que dejé ese momento fuera de mi mente, porque estaba segura que ese chico estaba fuera de mi alcance; demasiado guapo, demasiado encantador, demasiado perfecto, demasiado… alto. Así que cuando su amigo se acercó a mí durante el almuerzo, y anunció que tenía que ir a comer con –Bane-chan–, yo sólo atiné a mirarlo sorprendida. Él se explicó.

-Ahorremos problemas y lamentos que después yo tengo que escuchar. Ve a sentarte con él, está loco por ti.- comentó.- Otro minuto más de –es que es tan bonita, tan dulce, tan adorable, tan sexy–, y me cortó las manos.-

Y luego me agarró de las muñecas y me arrastró hasta –Bane-chan–, dejándonos solos con un –Él no tiene los cojones para hablarte, pero le gustas. Sean felices–, mientras su amigo lo asesinaba con sus ojos. Recordé a Bane-san ruborizándose violentamente, incapaz de mirarme a los ojos, pero sonriendo dulcemente…

Nos encontramos varias veces después de eso, fuera del colegio, en las canchas callejeras. Los dos hacíamos tenis, y amábamos las mismas cosas. Parecía perfecto…

Para cuando llegó el postre, el dolor de esos recuerdos se hizo intolerable, y me excusé para ir al tocador. Me sentía horrible, y me odiaba con la fuerza de mil soles. Me encerré en uno de los cubículos y lloré. Recuerdo que deseé que algo sucediera y desaparecer de la faz de la tierra.

Dolía demasiado.

Como pude, agarré mi celular y marqué el número de su casa, sabiendo de antemano que nadie atendería. Aguardé el tono tratando de tranquilizarme, y cuando sonó, solté como pude mi sarta de excusas.

Sin embargo, no pude terminar sin que mi voz se quebrase. –No te preocupes–, dije entre lágrimas, –Vas a estar bien–.

Tuve que detenerme ahí, porque el llanto resonaba en mi garganta y no podía tolerarlo mucho más; aparté el celular de mi rostro para que él no escuchara los sollozos. Él no tenía que saber.

Era amable, dulce, encantador e inocente. Él no estaba preparado para enfrentar la realidad, era demasiado… puro. No debía enterarse de lo que hice.

Y no lo haría.

No si de mí dependía.

Junté las pocas fuerzas que me quedaban para seguir hablando, después de golpearme la pierna con fuerza. –No me necesitas, créeme– suspiré, luchando contra las lágrimas sin éxito alguno. –Estarás bien…–

Y colgué.

¡Demonios!

Arreglé el poco maquillaje que pude salvar de mi rostro, forcé una sonrisa en mis labios, y caminé lo más estoicamente que pude hacia nuestra mesa. No podía arruinar su cumpleaños con eso, pero tan pronto terminara su día, yo tenía que t-…

No pude terminar ese pensamiento, ahogándome con el aire que respiraba. Era demasiado horrible.

Yo… iba… terminar con él.

Iba a dejarlo.

Las primeras horas del 23, cuando ya no fuera su cumpleaños.

¡¡DEMONIOS!!

La siguiente hora fue una tortura, pero traté de sobrevivirla como castigo por mi mala actitud. Sin embargo, ya no podía fingir más. Él lo sintió, lo percibió, era así de sensible. Y yo ya no podía ocultárselo. Algo estaba definitivamente mal.

Cuando llegamos a mi puerta, Bane-san estaba preocupado y tenía todo su cuerpo en tensión. Recuerdo que pensé, por el más pequeño de los segundos, que él se veía increíble, y que debía olvidarme de todo y hacer el amor con él ahí mismo. Pero no podía, tenía que terminar todo eso…

Pero cuando él se inclinó sobre mí para besarme en el cuello suavemente, como hacía cada vez que yo estaba mal, toda la fuerza me abandonó y no pude enfrentarlo. Quería caerme de rodillas frente a él, abrazarlo, rogar por su perdón, convertirme en su esclava y expiar mis pecados.

Comencé a llorar suavemente, pero tan pronto como la primera lágrima cayó por mi mejilla, recuperé mi fortaleza, y me sequé el rostro casi con furia.

-chan…– Comenzó lentamente, pero yo no lo escuché. Tenía que aprovechar la oportunidad de hablar cuando aún era lo suficientemente fuerte.

–No quiero saber más.– Dije, abriendo la puerta, y cerrándola detrás de mí con rapidez.

Yo sabía que él entendería lo que quería decir. Siempre dijimos que nuestra relación se basaba en la curiosidad de ambos, y porque ambos queríamos saber todo sobre nosotros.

Pero, cuando dije eso, le mentí. Era una mentira pequeña comparada con los demás ocultamientos, pero de todos modos dolía.

No era que yo no quisiese.

Es no podía querer saber más.

No con lo que hice.

*-*-*-*-*

Siguió llamándome al celular y a mi teléfono durante la semana siguiente, y cuando cambié el número del celular, todas esas llamadas fueron dirigidas al teléfono de mi casa. En ese momento agradecía que mis padres estuvieran terminando los trámites en Tokio. Todos los días tenía más de diez mensajes de él.

Bane-san estaba confundido con lo que yo había hecho, no dejaba de repetirlo. Se culpaba de todo a sí mismo, incluso aunque él no supiera qué era lo que supuestamente había hecho. Siguió disculpándose mensaje tras mensaje.

Pero yo estaba demasiado herida y avergonzado como para siguiera mirar el teléfono cuando él hablaba, con la esperanza de que se cansara eventualmente de llamarme.

Pero no lo hizo.

Siguió llamando todos los días durante tres semanas.

Siguió llamando incluso hasta que me fui.

La última vez que escuché su voz, fue el último día que yo pasaba en Chiba. Estaba huyendo, lo sabía, pero era la única forma que había encontrado para lidiar con eso: huir con mis padres a Tokio. No era lo suficientemente fuerte como para enfrentarlo, y no quería pensar qué podía pasar si me lo encontraba en las canchas callejeras o en alguna clase. Todavía no puedo.

Yo esta agarrando la última caja del departamento para llevarla hasta el camión de mudanzas cuando el teléfono sonó, y fue directamente al centro de mensajes.

–Sé lo que quisiste decir, pero no es así…– Bane-san susurró, su voz grave y quebrada.

Yo supe que era porque había estaba llorando, y el sólo pensar eso me hizo llorar. –…Yo… no puedo creer que te vas… Sae-chan me lo contó… No quiero perderte.– Él sonaba desesperado. Tan desesperado, que se supe que había estado tomando.

Mientras lo escuchaba, mi llanto era tan desesperado como su voz, y no podía parar de temblar. Bane-san suspiró del otro lado del teléfono, tratando de componerse, guardando silencio, y yo aproveché eso, agarrando mi saco y recogiendo la caja del suelo al que había caído cuando había escuchado su voz.

–Llámame, por favor, -chan. Por favor…–

Creo que prácticamente corrí hasta la puerta, y la cerré de un portazo detrás de mí. Pero…

No fui lo suficientemente rápida, y sus últimas palabras se quedaron grabadas a fuego en mi mente. Todavía hoy las escucho resonar.

–Llámame, , por favor… Porque… sin vos yo… no puedo seguir adelante…–

*IZZY

NOTAS MÍAS DE MÍ

Por favor, NO ME ODIEN!!!!! Es el pedido de Kurobara, y sólo ella tiene derecho a odiarme! De verdad que lo entiendo si me odian, igual.

Tenía que escribir esto, y no es bueno, pero espero que les guste. Y, Kurobara-chan, si odias esto, sencillamente decime y escribo algo mejor y mucho más alegre.

Está basado en una canción de McFly, hermosa. Si nunca los escucharon, escúchenlos!!