Levantábase Eos, de rosáseos dedos, de la cama para alegrarle el día a algunos (A.k.a. despertarlos).
De una casa sombría e inalcanzable para los extraños, en una colina un tanto alejada de la ciudad, salía alegremente una chica por la puerta de roble y se despedía con su usual “Ittekimasu” a la nada, sin esperar respuesta alguna por parte de los otros integrantes de la casa. Miró a su hermano, cuyo pelo todavía desprendía pequeñas gotas de agua que mojaban su pulcro conjunto de ropa deportiva. Este se había adelantado y cruzaba las rejas que cercaban su hogar.
-Mou, Onii-san, machi wa! (Hermano, ¡Esperame!)
-Osoi na. (Que lenta)*
~ Labios escarlata...
La joven lo ignoró por completo y miró su nuevo, preciado reloj pulsera, que le había costado su salario de 4 meses y divagando en la hermosura del artefacto tardó unos minutos en prestar atención a lo que las agujas marcaban.
-¿Are? Onii-san! ¡Vas a llegar tarde!
-Todavía no entiendo por qué insistís en acompañarme a mis “entrenamientos”-le dijo con voz profunda su hermano- Con lo mucho que te gusta dormir- la chica se quedó callada- ¿No será que… te gusta alguno de mis amigos…?- pararon su marcha a los pies de la colina para sacar de un pequeño cobertizo una bicicleta- Debe ser eso, no se me ocurre ninguna otra explicación.
-Y sí, no usaría mis preciadas horas de sueño para ir a verte. La única motivación que tengo para levantarme tan temprano un sábado en mis vacaciones es la posibilidad de ver a 5 chicos extremadamente apuestos haciendo ejercicio- dijo sin ningún dejo de sarcasmo.
-¿Cómo que 5? Somos 7.
-Lo sé, pero Kabaji no es precisamente apuesto, él es… simpático y bueno. Y decir eso de mi hermano sería éticamente incorrecto. Además aunque seas maravilloso, en palabras de , pero no sos mi tipo.
-Así que …- recibe un golpe en la cabeza.
-OSHITARI YUUSHI, ¡NI SE TE OCURRA!
-Hai, hai. De todas formas es demasiado chica- le explicó acomodándose en la bicicleta- ¿vamos?- se acomodó, parada, atrás de él y se pusieron en camino.
-Pero ella tiene un año menos que vos.
-Exacto, a mí me gustan las mujeres maduras.
-Si el tipo de mujeres con las que sales es las que llamas maduras, entonces es mejor que no te interese mi amiga- “ va a matarme”
-Si, bueno, ese es mi problema- Terminó Oshitari, dando por terminada la discusión. Recorrían las calles casi vacías con tranquilidad. disfrutaba de la brisa fresca que, anunciando el invierno, acariciaba su rostro. Los árboles carecían de hojas y ella respiraba el aire con satisfacción. Pero todo llega a su fin y el ruido de pelotas las despertó de su ensueño, o tal vez fue el hecho de que su hermano frenó de repente y ella terminó en el piso. Después ella le agradecía a Kabaji por ayudarla a levantarse, le gritaba al tensai, él se disculpaba sin mucho empeño, Gakuto aparecía para ver que pasaba, entraban a las canchas y se ponían a jugar. En fin, lo normal.
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“No, papá, no necesito que me vengas a buscar en el auto. Si está tan lindo, y además voy a ir a lo de ” murmuraba mientras buscaba un lugar donde refugiarse de la lluvia. Se sentía el ser más estúpido del planeta. Corrió hasta la entrada de una casa vieja para taparse y se sentó en las pequeñas escaleras; no tenía miedo, podía cuidarse sola pero odiaba estar mojada.
Vio una luz acercarse a través de la lluvia que cada vez caía con mayor intensidad y escuchó el ruido de un auto detenerse. No podía ver nada claramente, y para empeorarlo todo, tenía mucho hambre y eso era peligroso. Escuchó como se abría y luego se cerraba la puerta de dicho vehiculo, y vio una figura caminar hacia donde ella, permanecía quieta y tiritando. Cuando por fin la figura se hizo más nítida se sorprendió de verlo a él allí, mojándose como ella. Se paró frente a ella y la miró con su típica mirada arrogante como si no le importara que la lluvia causara una inevitable transparencia en su camisa blanca, lo cual lo hacía verse apetecible. Atobe decidió ignorar la mirada de , estaba dispuesto a ayudarla.
-Parece que necesitás Mi ayuda, Ahn~- Él nunca iba a cambiar, lo sabía y eso era lo que le molestaba: el saber que incluso siendo como era, podría tenerla en la palma de su mano con solo un susurro si lo quisiera.
-No creo, Atobe, que meterme sola en un espacio cerrado con vos sea lo más seguro.
-Oh, vamos, eso fue hace 5 años y tu hermano me había regalado una botella de wisky añejo- “siempre tan sutil”- Y vos no te negaste demasiado, ¿na?
-Bien, precisamente por eso prefiero no ir.
-¡No seas estúpida! Estás empapada y yo estoy en el mismo estado. No seas infantil- le dijo más serio Keigo, tomándola del brazo. Caminaron callados hasta el auto y cuando llegaron Atobe metió una mano en el bolsillo del pantalón. Sus ojos se abrieron de la sorpresa y maldijo por lo bajo mirando por la ventana.
Se estaba poniendo muy molesto: Atobe no abría la bendita puerta, se estaba mojando mucho y la visión de ese bishounen con la ropa pegándosele al cuerpo no la dejaba pensar. Sin mencionar lo tentador que se veía con el pelo mojado adherido a su rostro.
-Atobe, no entiendo por qué no abrís la puerta. Si pensás quedarte así por mucho más tiempo avisame así me pongo bajo techo, porque la verdad es que odio mojarme y la ropa en este estado no es lo más cómodo.
Atobe levantó la mirada ante tal declaración y se dio cuenta de algo en lo que no había reparado. Habían pasado 5 años desde la última vez que habían estado a solas y ¡que buenos años habían sido para ella! No pudo evitar notar que ciertas… ejem, partes habían crecido, otras estilizado y que la que antes parecía una niña inocente, definitivamente ya no lo era.
-Tierra llamando a Atobe, ¿estás ahí?- él no parecía haberse dado cuenta de que se había quedado mirándola y ella tampoco. Un grito lo hizo reaccionar- ¡ATOBE! ¿Me podés explicar por qué estamos fuera del auto y no dentro?
-Porque no encuentro las llaves- su tranquilidad la ponía nerviosa- Se deben haber caído.
-¿Y por qué no las buscamos?
-Esta muy oscuro, no creo que las encontremos.
- ¿Y qué se supone que hagamos?
- Yo creo que no deberías hacer una tormenta de un vaso de agua.
La irritaba, y mucho. Decidida se saco la fina campera y extendió su mano por sobre el capot.
-¿Qué estás haciendo?
- Hay que romper el vidrio así podemos ir a algún lugar un poco más… seco.
-¿Romper el vidrio con la mano?
-Qué bueno, entendiste. Si querés pago pagar el arreglo después- le respondió mirándolo como provocándolo.
-Si quisiera podría comprar uno nuevo. Son solo 19.500.000 yenes.
-Sí, sí, lo que digas. ¿Querés que lo haga yo?- le respondió sin paciencia.
-Dame eso- puso la campera en las manos de Atobe. Una vez preparado y en posición, golpeó el vidrio con fuerza. Un éxito casi perfecto. Se desenrolló el buzo de la mano y sintió un leve dolor, pero ignorándolo destrabó la puerta, limpió los vidrios del asiento e hizo lo mismo con la del asiento del acompañante una vez estuvo sentado frente al volante. Abrió un compartimiento; de él sacó una llave de repuesto y en ese momento la chica se dio cuenta de que la mano de Atobe sangraba. En un movimiento inconciente, tomó la mano lastimada entre las suyas.
-¡Atobe! Te lastimaste la mano- tarde se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Entró en un trance; el olor a sangre, imperceptible para Atobe, llenó el auto y la imagen de una línea de sangre recorriendo la mano del joven hizo que lamiera sus labios. Bajó su cabeza hasta que sus labios rozaban el líquido rojo y en un movimiento casi erótico lamió la sangre, dejando a Atobe perplejo y un tanto excitado. Este retiró su mano con un movimiento brusco, despertando a . Encendió el auto, tomó el volante y arrancó.
- ¿A dónde estamos yendo, Atobe?- preguntó tranquilamente la muchacha que se frotaba los brazos, ya que el frío todavía entraba por la ventana rota. Atobe buscó en los asientos de atrás y le dio el saco de su traje, se lo puso.
-Estamos yendo a mi departamento. Y dejame pedirte que por favor no te tientes con Mi belleza. Sé que soy irresistible pero después de todo soy un hombre, puede que no pare.
- Atobe, ¿qué te hace pensar que estando en esa situación, yo querría que pares?- y como respuesta recibió un gruñido. El resto del viaje lo hicieron en silencio.
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-¿ ?- dijo una voz grave detrás de ella que le puso los pelos de punta. Se dio vuelta para ver quién la llamaba, aunque ya tenía una ligera sospecha.
-¿Oshitari-senpai?
A pesar del ruido de la lluvia, pudo escuchar la misteriosa risa de Oshitari- ¿”Senpai”? Ya no estamos más en la escuela, no hace falta que me hables tan formalmente.
- S-Sí, senp... digo Oshitari-san – Oshitari la miró divertido- ¿Qué está haciendo acá?
-Volvía a casa cuando te vi y me preguntaba si no querías que te alcanzara a tu casa, con esta lluvia.
-Pe-pero está en bicicleta, se va a mojar mucho- la presencia del joven la ponía muy nerviosa.
-Verdad- pensó un segundo- Entonces vayamos a la mía.
-¿Qu-qué?
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El ambiente en el departamento era inoportunamente perfecto para una romántica y para nada pura noche entre dos jóvenes enamorados. Las luces de la calle y la de un velador en una esquina eran las únicas que iluminaban el pecho desnudo de Atobe en el sillón, y había una mezcla de aroma a rosas y colonia de hombre que apagaba todos sus sentidos. Pero ellos no eran dos jóvenes enamorados, eran dos jóvenes con muchas hormonas; y para ser sinceros, la imagen de Atobe semidesnudo sentado en su posición de sé-bien-que-querés-comerme la turbaba sobremanera…
-Aunque no sepa mucho de medicina, Atobe, no creo que sea necesario sacarse la camisa para que te cure la mano- Dijo mientras salía de su escondite en el pasillo, con un pequeño botiquín en la mano. Se arrodilló en el piso frente a él, quedando entre sus piernas y tomó la mano lastimada.
-La camisa estaba mojada- tardó en responder mientras la veía limpiar la herida con algodón, aunque en realidad estaba “apreciando” la figura de la chica. Ella mientras tanto trataba de concentrarse, más su tarea se tornaba difícil debido a la proximidad de sus cuerpos aun húmedos por la lluvia. Un suave “listo” se escapó de su boca; sus dedos rozando la gasa que acababa de poner en el dorso de su mano.
Su respiración se agitaba y por si fuera poco, cuando había intentado levantarse Atobe la había agarrado de la cintura y sus bocas habían quedado a milímetros de distancia. La tentación fue demasiada, abrió un poco su boca y suplo muy despacito sobre los labios del chico. Una descarga eléctrica recorrió la espalda de éste, después se escuchó una suave risa y vio la mirada divertida de . Entonces la atrajo hacia su cuerpo y la besó, como nadie nunca la había besado.
Se acomodaron en el sillón que era convenientemente amplio y cómodo. En algunos momentos el beso era agresivo, Atobe mordía su labio inferior sin lastimarla y en otros le daba besos suaves, mientras ella recorría su pecho con las manos en movimientos circulares lentos. Sentía que moría y el contacto con la piel le quemaba. El aire faltaba, en cuanto se separaron respiraron hondo y se quedaron mirándose. Los labios hinchados, las respiraciones entrecortadas y las sonrisas de satisfacciones. Mientras todavía se recuperaban ella empezó a besarle la comisura izquierda de la boca y empezó a dibujar un camino de besos pasando por su mentón hasta llegar a su clavícula.
La visión del cuello del chico despertó todos sus instintos. Podía percibir todo a su alrededor, de hecho podía escuchar la sangre de Atobe recorriendo su cuerpo. Sintió que sus colmillos crecían, quería evitarlo pero sabía que ya no podía hacer nada. “Gomen nasai” susurró, palabras que Keigo no entendió hasta que sintió una punzada en el cuello. Lo estaba mordiendo y por alguna razón se estaba empezando a sentir un poco mareado.
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-Oshi-tari-san, ¿no está muy oscuro?- dijo cuando entraron a la vieja mansión, la cual parecía estar vacía.
- ¿Te parece? Para mí es lo normal.
-Mm… podríamos prender algu-
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Caminaban tranquilos por una calle vacía, la lluvia había parado- Así que vampiro…entonces… ¿Yuushi también?
-Ajá, toda la familia- estaban yendo para la casa de la chica- Pero, antes de que preguntes la evolución hizo que onii-san, otros vampiros de nuestra generación y yo pudiéramos exponernos al sol, la cruz y el ajo son solo mitología.
-Ah. , ¿Por qué estamos subiendo una colina?
-Nuestra casa está allá- respondió la chica señalando la mansión.
-Wow, después de todo viven en una casa de vampiros- dijo para sí. Llegaron a la puerta, abrió la puerta y lo dejó pasar. Después se dirigieron a unas puertas de roble que llevaban al comedor, donde se suponía que se encontrarían con… Oshitari mordiendo a su mejor amiga. Atobe congeló en el lugar.
-¡¡¡YUUUUUSHI!!! ¡¡¡TE VOY A MATAR!!!
~ Amy-chan
*Eso es kansai ben. Tuve que consultar con Miyu hehe.