-chan posteó en el 2 de Febrero:
Odio a las fanáticas de Atobe-kun (>o<)
Son ridículas, estúpidas y con la cabeza llena de aire.
¿¡Cómo se les ocurre siquiera mirar a ese cerdo asqueroso!?
Bueno, no importa~
Ah, sí, Atobe-kun, me tomé la libertad de bloquear tu IP de mi blog.
NO MOLESTES MÁS. Aunque probablemente ni puedas leer esto. Jaja.
Hoy no hay pensamientos filosóficos. Punto final.
Con poco amor, ~
se deslogueó de su computadora con un fuerte click en su mouse, el cual se quejó sonoramente. Desde ese día, el ratón hacía un horrible sonido al ser cliqueado, o movido siquiera, aunque se niega a hacerse cargo de esto y atribuye los desperfectos en el mouse a su perro.
Cerdo narcisista.
Había sido un día como cualquier otro. Atobe Keigo no le había asignado nada especial a ese día. El cielo no estaba ni particularmente azul ni particularmente despejado. No tenía menos ojeras que le día anterior, ni tampoco un mejor humor… pero fue aquel día que descubrió la existencia de la chica que él conquistaría. A Ore-sama le gustaban los desafíos, les recuerdo… y éste era uno muy tentador.
-chan posteó en el 27 de Enero:
Muchas personas dicen que la vida es un desperdicio.
Sin embargo, no es así.
No puedo entender a esas personas.
Creo que todos humanos tenemos la posibilidad –y la habilidad– de poder ponernos de pie, sólo que no nos damos cuenta de ello.
Somos tan egoístas, pensamos que nuestra situación es la peor del mundo y nos rendimos.
¿Cuántas personas llegaron a algo por rendirse?
Ninguna.
Muchas personas, también, piensan que rendirse es igual que pedir ayuda.
¡Eso es tan sólo más egoísmo por su parte!
Como seres sociales, necesitamos ayuda. Es natural. Un ser humano no puede desarollar su personalidad aislado.
Hum… ¿estoy pensando mucho últimamente, verdad? (^o^);
No sé por qué escribí eso… supongo que tuve ganas…
¿Pero quizá a alguien le sirva!
¡Eso espero, con todo mi corazón! (>w<)
Con amor, ~
Atobe contempló la foto de la joven haciendo una “v” de victoria a la cámara por unos segundos antes de sonreírse para sí mismo suavemente.
“ ”, memorizó el rostro y el nombre, “Está en Mi mismo año, pero en otra división. Averiguaré en cual…”
Ni él mismo podía comprenderse qué era lo que lo había intrigado. Ese par de frases en ese blog… era impresionante que fueran suficiente como para que Atobe decidiera que quería intentar conquistarla.
-chan posteó en el 28 de Enero:
Je, ¡hola a todos!
Gracias por la cantidad de comentarios que he estado recibiendo. No puedo creer que, de todas las cosas, quieran leer este blog. ¡Sankyuu, minna! (_ _)
Hum… no sé qué decir hoy…
Estuve pensando en que los seres humanos, somos personas muy alterables.
Nunca había notado lo fácil que es hacer a alguien llorar.
Mi abuela dice, sin embargo, que es mucho más difícil hacer a alguien reír.
Depende del tipo de persona, digo yo, y de sus circunstancias. ¿A veces, no sienten que se ríen de cualquier cosa?
Es una pena que olviden esta habilidad cuando estamos deprimidos.
¡Yo creo que es cuando más deberíamos recordarla!
En otras noticias, hoy mi perrito aprendió a dar la pata (^o^)
Es tan sólo un cachorro, así que no esperaba que lo hiciera, pero me sorprendió.
No tengo nada más para decir, minna, así que…
-chan signing off~
Listo. Estaba dicho. No dolería intentar, ¿o sí? Él era Atobe Keigo, después de todo.
*-*-*-*
hiso caso omiso en cuanto escuchó por parte de sus amigas que el chico más popular del colegio, véase emperador de hielo véase Atobe Keigo, la había estado mirando a ella. No porque se tuviera poca confianza y considerara que esto era imposible, sino porque pensaba que el tal Atobe –si las acusaciones de sus amigas eran ciertas– estaba gastando por completo su preciado tiempo. No había persona en todo el Instituto Hyoutei que le diera más asco que… que ese cerdo, narciso, idiota, egoísta cabeza de aire. Con devoción a su creencia que a las personas hay que darles una oportunidad, realmente había intentado verlo de otra forma, pero… ¿”Maravíllense ante la belleza de mi superioridad”? ¿Qué diablos era eso? sabía que no estaba a punto de dejarse maravillar por nadie.
Por eso fue que, cuando vio como Atobe se acercaba a ella, pensó que todo esto debía ser algún tipo de broma, y preparó su siempre-útil patada-a-la-parte-baja-del-estómago (a veces, sin querer, el pie iba a parar demasiado abajo).
–¿ , ah~n?
Sus amigas se le apresuraron a voltearse, todas mirando al chico con nudos en sus gargantas.
La aludida sólo giró la cabeza, para encontrarlo allí, acompañado con ese sirviente de dos metros veinte suyo –¿Qué querés?
Atobe alzó las cejas y se echó hacia atrás, para poco después sorprenderse por su propia reacción –¿Bien, sos vos o no?
–No –replicó con simpleza, ignorando que antes había respondido por su nombre, y pensando que era mucho mejor que Atobe entendiera desde el principio que ella no quería ni hablar con cerdos egoistas–. Yo soy Kurosagi Haruko.
Por unos segundos, Keigo lució tres puntos suspensivos arriba de su cabeza. Esta chica no podía honestamente pensar que él de todas las personas no sabía quién era.
– ––
–Kurosagi –corrigió con fervor.
–Ah, ah, lo que vos no entendés es que todo esto no me está asustando. Muy contrariamente, hace todo más divertido –Atobe la señaló en una actitud de “Oh, pobre nenita inocente”, y miró su dedo con cariño, pensando en cuánto le dolería si se lo mordía–. ¿Nos levantamos con el pie izquierdo, o hay algo en mi presencia que te intimide?
–Atobe-kun, sea lo que sea que quieras, por favor hazlo rápido. No tengo tiempo para todo el mundo – enfatizó esto con la voz, como queriendo indicar que no consideraba a Atobe como una persona por la cual era digna demorarse. El morocho se sonrió soberbiamente.
–Quiero que salgas conmigo.
no gastó ni un segundo de silencio, pese a que sabía que cualquier chica normal hubiera estado hiperventilándose en su lugar –Tendrás que venir con una excusa mejor, Atobe-kun. Lo siento –volteó sobre sí misma, decidida a que no quería escuchar más idioteces.
Keigo la frenó, tomándola del brazo –¿Realmente crees que ––
–¡No me toques, cerdo narcisista! – se libró de él bruscamente, y le arrugó sus ojos–. No puedo creer que estés convencido de que yo voy a aceptar tu oferta. ¿¡Te pensás que todas en la escuela te adoran!? Me das asco.
“Asco.”
La palabra dio varias vueltas por la mente de Atobe antes de sonreír y dar una reverencia caballerosa.
–Te la perdés vos.
–Me gano muchas otras cosas a cambio –devolvió con un mofido y giró sobre sus talones, saliendo lo más pronto de allí para no darle la satisfacción a Atobe de tener la última palabra.
*-*-*-*
-chan posteó en el 30 de Enero
Esto es ridículo.
Sumamente ridículo.
Es decir, ¿realmente se pensó que yo sería fácil?
No es porque me crea superior ni demasiado linda, pero las personas con aire en la cabeza no me sirven para nada. Odio a los egoistas.
Que quede claro, Atobe-kun.
~
Y Atobe se sonrió torcido, sabiendo que cualquier chico en su lugar ya se habría puesto a llorar, pero sin prestarle demasiada atención a este hecho. En vez de eso, llenó el posteo del blog de poemas románticos. Como tuvo que irse a media tarde, dejó a una criada a cargo de seguir llenando el post, y luego de unas horas, la entrada del 30 de Enero estaba llena con páginas y páginas de spam romántico firmadas, todas, por “Atobe-kun”.
*-*-*-*
–¿ -chan?
Quién ¡@#$% era y qué ¡@#$% querían ahora.
Por precaución, la mencionada volteó antes de contestar. Algo en la mirada de la joven de horquillas en el cabello le dio tranquilidad. Podía hasta identificarse con esa mirada.
–Sí, soy yo – reconoció, y analizó de nuevo a la desconocida. Parecía tener el uniforme de… hm… ¿Seigaku? ¿Fudoumine, quizá? –. ¿Qué sucede?
–Soy Tachibana Ann –se presentó ella, sonriendo–. ¿Quizá me reconoces por el blog?
–¡Ah, sí, tú también tienes un blog! –el rostro de se iluminó, recordando por fin de dónde la conocían–. ¿Cómo estás?
–Esto te podrá parecer repentino y todo, pero… –Ann ignoró la pregunta, teniendo algo más importante qué decir–. Leí tu post de ayer, y…
alzó las cejas durante el resto de la conversación. Lo último que dio, fue una sonrisa poco benévola.
*-*-*-*
Lo próximo que supo Atobe Keigo fue que la pared de noticias escolar estaba llena de fotos suyas de bebé. En algunas, incluso, estaba desnudo. Mientras que las personas suficientemente valientes le largaban una carcajada en la cara y otras más respetuosas ahogaban gritos horrorizados, Atobe se puso a pensar. No. No podía ser… ¿o sí? ¿La chica se tomaba un mínimo acoso tan en serio?
Había una sola forma de averiguarlo. A Atobe se le volvió a escapar una sonrisa. A Gakuto también, pero lo próximo que hizo él fue tomar un par de fotos y llevarlas a la fotocopiadora. Como sea, terminó en la dirección por eso.
*-*-*-*
Primero de enero. Todo fríamente calculado. Atobe no iba a seguir con su “anonimato” cibernético: cara a cara, como deben decirse las cosas. Fue hasta su aula con un caminar pausado, tranquilo. Preparándose para lo más satisfactorio que experimentaría en toda su vida.
frunció el ceño al verlo entrar, y una de sus amigas preguntó qué ¡@#$% se suponía que hacía “ese cerdo” ahí. Atobe se abrió paso, y la miró. , como Keigo ya sabía que lo haría, le devolvió la mirada, desafiante.
Una cautelosa mano le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja a la chica (la cual, por alguna razón, lo soportó con unos nervios de acero). Cuando su boca estaba lo suficientemente cerca del oído de , Atobe susurró: –Tengo toda la colección de estas en casa.
Y dejó algo encima del pupitre, apartándose. bajó la vista para ver de qué se trataba, y al poco a poco darse cuenta, su rostro comenzó a enrojecer. De la ira, de la vergüenza, de todo. Un impulso asesino se hacía visible en sus bellas facciones.
Keigo la miró por unos segundos, asegurándose tener una buena impresión mental de esa expresión tan linda suya, sonrió, y se fue, tan tranquilo como vino. Incapacitada de ir a darle una trompada o de explicarles a sus amigos de qué se trataba todo esto, escondió la foto (sacada más o menos cuando ella tenía cuatro años, en la bañadera, jugando con patitos de hule) en su mochila y, toda roja y agitada, salió corriendo por la puerta.
*-*-*-*
Tachibana Ann quedó boquiabierta –Mentira.
–No sé qué hacer. Encima de todo, hoy vinieron unas fanáticas de su club a decirme que no lo volviera a molestar – suspiró exasperadamente, y pateó el suelo con fuerza–. ¡No puedo creerlo!
–Es porque estás en Hyoutei. En Fudoumine terminaron felicitándome por poner esas fotos, y ahora la sola mención del nombre “Atobe” le arranca risas a cualquiera –Ann torció la boca–. Pero no te preocupes, tengo una idea.
Aunque ahora no estaba tan segura de querer tener más que ver con esto, no podía quedarse así. Escuchó con atención.
*-*-*-*
–¿En serio hizo eso? –las nuevas adiciones al club de fans de Atobe eran, siempre, las más influenciables. , que sabía esto, se sonrió y asintió–. Es terrible, -san…
–Lo sé, además, está convencido de que yo puse las fotos, cuando no tuve nada que ver –la joven nunca se había sentido tan hija de ¡@#$% en su vida, pero no había otra. Jamás dejaría a Atobe ganar. Ella era, en realidad, más parecida a Atobe que cualquier otra persona–. Pero, ahora le tengo miedo. ¿De dónde consiguió esas fotos?
–No lo sé, pero yo… yo me voy de este club –decidió una de las fanáticas inocentes–. Tenía otra imagen de Atobe-senpai.
–Sí, yo también…
–¡Si ustedes se van, yo me voy!
Atobe entonces pasó a metros de ellas, y le pareció ver a . Debió de haber sido una trampa que le tendieron sus ojos, porque cuando miró, ella ya no estaba.
*-*-*-*
–…
–¡TE DIJE QUE NO SALDRÍA CONTIGO JAMÁS EN MI VIDA, ATOBE-KUN! –su primer impulso fue contestar esto al escuchar esa voz, y eso contestó: lo más fuerte que pudo. Quería que toda la escuela escuchara. Que supieran lo que era Atobe en realidad.
Keigo quedó unos segundos en silencio. Le pasaba por querer disculparse. Sí, la chica había ido lejos con lo de las fotos, pero él estuvo peor. Él la humilló de formas inimaginables. Le hizo un tajo en el medio de su dignidad. Y justo cuando venía a pedir perdón, simple, honesta, sencillamente a pedir perdón, sólo eso…
–Estás loca –la acusó Atobe con asco. aguantó las lágrimas de la bronca de nuevo.
No iba a llorar. Todo menos eso. Lo miró, decidida como siempre –No puedo creer que me quieras volver a hablar después de lo que me hiciste…
–¡Mirá quién habla! –Keigo saltó en su defensa–. Vos también me hiciste algo bastante feo, . Sí, yo te la devolví peor. Pero me merezco una trompada, no que sigas con el juego.
–Yo hablé con Tachibana Ann – apenas estaba haciendo esfuerzo en escuchar lo que él tenía para decir–. Sé que quisiste forzarla a ella a que salga con vos. ¿¡Qué te pensás!? ¿Que somos todas trofeos, y vas a hacer lo que querés cuando querés?
–La verdad, sí, me creía eso –Atobe apretó el puño–. ¿Pero me creerías vos si te digo que me interesabas como persona, y actué como actué porque no podía soportar que no me prestaras atención por lo que te dicen los demás de mí?
–¡Mirá si te voy a importar como persona, cerdo narcisista y mentiroso! – escupió–. Y aunque te importara, ¡no me merecés!
Atobe no replicó. Simplemente le pidió a Kabaji que se acercara con su mochila. De ella, saco un gigantesco ramo de jazmines, puramente blancos. Se puso de rodillas. Y, les recuerdo, estaban en el medio del campus escolar, a la vista de todos.
–Esta es Mi forma de pedir perdón.
–... – ahogó un pequeño grito. Esto era lo más ridículo que había experimentado en su vida. ¿Acaso esperaba que la joven se arrojara en sus brazos, así de fácil? –. Estás demente.
–Hay gente que saber apreciar mi demencia –Keigo replicó simplemente–. Si sos de las que no, lo comprenderé. Pero aceptá el ramo, por favor.
no se resistió: comenzó a reír como loca. Esto escapa lo posible dentro de un marco de realidad. Aún así, en algún momento, mientras reía, Atobe pasó de ser completamente detestable a detestable, pero no tanto.
–Estás realmente demente – cesó de reírse de a poco–. Acepto el ramo –lo tomó–, pero parate, por favor. Me estás avergonzando.
Keigo se puso de pie, sonriente –Tomo eso como un “merecés una oportunidad”.
La joven se encogió de hombros –Tomalo como tengas ganas.
Se acercó demasiado rápido, engañando los reflejos de la chica, y depositó un suave beso sobre sus labios. Sin alejarse, Atobe decidió de una: –Jya, te paso a buscar mañana al mediodía por tu casa. Si tenés algo que hacer, cancelalo.
De la sorpresa, a se le cayó el ramo de jazmines, y éstos quedaron desparramados por todo el patio. Observó como la figura esbelta de Keigo se retiraba, su esclavo personal siempre flotándole al lado, y no lo volvió a ver.
Al día siguiente, recibió a Keigo con lo que debe de haber sido la trompada más fuerte que le dieron en su vida, pero salió con él de todas formas.
~ Aori
[8/4/07 – para Juli]