–Ten – dejó el bento frente al muchacho, pero con escasa “buena onda”–. Más vale que te comas hasta el último bocado.
Marui Bunta, quien si no hubiera sido por la circunstancias en las que se le estaba entregando el bento hubiera estado feliz de la vida, miró la bandejita por unos segundos con el rostro en blanco antes de decidir empezar a comer. Se le escapó un pensamiento (y lo digo así porque realmente no quiso pensarlo, ¡claro que no!) sobre que no debería haberle impuesto cocinar para él por una semana como prenda: había cosas mejores para apostar. Sí, todo lo que ella hacía era riquísimo, pero… igual. El problemita, ahora que Marui se recordaba la situación a sí mismo, había sido que él no estaba tan seguro sobre si los ácaros eran arácnidos o no. Entonces, cuando propuso tenerlo de esclavo por una semana si perdía la apuesta, Bunta se retractó de pedirle lo que realmente tenía intenciones de pedirle: un beso. Y, claro, pidió algo un poco menos sofisticado.
Así es. Marui Bunta había estado enamorado de ella desde el preciso momento en el que llegó a su vida (no sé que viaje de negocios tuvieron que hacer sus padres, pero bendecidos sean). Le había dado muchas vueltas al asunto –en su mente, claro– para hacerlo sonar menos cursi, pero no había mejor forma de explicarlo: estaba enamorado. Y en negación de ello, porque pese a que todos los titulares se lo recordaban cada cinco segundos, él siempre, siempre negaba el hecho.
La próxima apuesta que hicieran, él impondría una prenda mejor. Sí, de seguro lo haría.
Apostemos.
Lo raro de todo es que y Marui Bunta, pese a que eran amigos, casi nunca estaban de acuerdo. era bastante cabezota y firme en sus ideas, y por eso, no iba a dejar jamás a nadie ganar en una discusión. Menos a un hombre, y menos a sus amigos del equipo de tenis de Rikkai Dai – los tarados siempre andaban tratándola de inferior. No todos ellos, y en broma, claro, pero esto bastaba para que dejara de sonreír al instante y comenzara a… ¿cómo decirlo? … dar miedo.
Pero no esto no tiene mucho que ver. Volviendo al tema: ¿les dije que y Marui discutían todo el tiempo? Hm… sí, les dije.
Y por esto, Niou Masaharu se había aprovechado de la situación y había decidido, cada semana, hacer una “pregunta trampa” que siempre terminaba en una apuesta (porque ninguno de los dos pensaba cambiar de opinión): esta pregunta era, casi siempre, algo del estilo de “Los ciempiés, ¿son insectos o arácnidos?”, “¿Y los ácaros?” (ésta había sido la última), es decir; algo que todos suponen que es de tal forma y en realidad no es así. Como la creencia que los ciempiés son insectos – no lo son, por lo menos no técnicamente: son miriápodos. ¿Y los ácaros? ¡Arácnidos, claro! Pero cualquiera te diría que son insectos y algunas personas podrían llegar a contestarte “microorganismos”.
Sí, Niou no sólo era experto en engañar, sino en hacer preguntas engañosas y ver como éstas tenían efecto en los demás.
–Asignatura del día, chicos, sin hacer trampa y entrar a Wikipedia –saltó Masaharu de pronto, haciendo que un pelirrojo y una castaña se voltearan a verlo–. Los caracoles marinos, ¿qué son?
–Hay un ochenta por ciento de probabilidades de que Niou haya recibido un libro de biología por parte de su abuela y por eso se le dé por hacer estas preguntas –comentó Yanagi a Yagyuu, murmurando.
–Y hay muchas más de que sólo lo esté haciendo para que y Marui peleen –repuso el pelivioleta, ajustándose los lentes.
–¡Esa la sé! –replicó Bunta, sus ojos encendiéndose–. Bueno, claro que la sé. Soy un tensai, después de todo~
–Callate, señor “Obvio que el ciempiés es un arácnido”. Arácnido – se lo echó en cara–. Qué pedazo de bestia.
Marui frunció el ceño, ofendido –Perdón, señorita “Los ácaros son insectos”.
–Bueno, bueno –Niou les palmeó la espalda a ambos–. Tranquilos. Peleas en pareja no. Puri~ –ignoró las miradas fulminantes que se posaron en él–. ¿Y bien? No me dijeron la respuesta.
–Los caracoles de mar son moluscos –corearon.
–Oh –Niou quedó impresionado–. ¿No hubo apuestas hoy?
–Es que hoy no estuviste creativo, Masaharu-kun –regañó –. No podría haber sido más fácil.
–Ajá, ajá –asintió Marui.
–… los felicito –Niou dio una sonrisa, revolviendo el cabello de ambos –Es la primera vez que están de acuerdo en algo.
Y se fue.
Bunta y se miraron, esta última con un poco de asco.
–Ah, antes de que me olvide, -chan. Para mañana, hazme una rica torta, ¿sí~~?
quedó con su cara de pocos amigos y terminó yéndose por su lado.
***
–Senpai… ¿estás bien?
Si Kirihara Akaya se percataba de que algo andaba mal contigo, ahí es cuando debes comenzar a preocuparte.
–Hn –asintió –. Es… sólo que… nada.
–Probabilidades de que no se trate sobre Marui: nulas.
miró a su compañero –Gracias por el dato obvio, Renji.
Yanagi, a esto, sonrió apenas.
–Aww, su BunBun-chan aún no salió de clases y ella preocupada~ –Niou prosiguió a cargosearla como siempre solía hacerlo–. Pero no te entiendo, -chan. ¿Por qué eres tan cabezota? Le agradarías mucho más si no le discutieras, sabes…
–Gracias por otro dato obvio, Masaharu –devolvió , irritada–. Pero no puedo. No sé. No puedo.
–¿Pero te pusiste a pensar por qué discutes con Marui-senpai? –inquirió Kirihara.
–¡Porque es tan lindo~!
Gotitas mágicamente aparecieron sobre las cabezas de todos los titulares presentes.
–Por lo menos ella lo admite –comentó Yagyuu a Niou, mientras comenzaba a darle razones a Kirihara sobre por qué le gustaba el pelirrojo exactamente–. No como Marui.
–Pues tengo una idea genial para esto…
–¿Hm? ¿Qué tienes en mente, Masaharu?
–Observa, Hiroshi –declaró Niou, y la llamó a con un gesto de cabeza– Oi, -chan. Apostemos.
La castaña oscura alzó las cejas –¿Hn?
–Dime –Niou parecía tener esto planeado hace tiempo–. Los tomates: ¿qué son?
–… – frunció el ceño– Frutas –replicó entonces, un 99% segura. Además, como era obvio que cualquiera respondería verduras, de seguro era una pregunta trampa.
–Te apuesto que son hortalizas –el peliplateado le tendió la mano–. Pero, dime, ¿qué pasará si tu ganas?
–Harás todo lo que yo quiera por una semana. No sólo me refiero a ser mi esclavo, sino que harás todo lo que te ordene – incluyendo bajarte los pantalones en el medio de clase de historia si es necesario –al imponer esta condición, ya se veía venir la peor prenda posible por parte de Masaharu. Pero no importaba: estaba más que segura que los tomates eran frutas.
Él, sorprendiéndola, tomó su mano y la apretó –Y si yo gano, deberás besar a Marui.
–¿¡QUÉ!? –chilló , apartando su mano al instante–. ¡No! ¡No vale, no acepto!
–Ah~ Ya me diste la mano, ya sellamos el trato –sonrió Niou con nada, pero ni una pizca de benevolencia–. Lo lamento tanto. ¿De seguro hay cosas peores?
–Hay un 100% de que Niou sepa la respuesta a la pregunta.
razonó lo que había dicho Yanagi. Oh, no. ¡Claro que el tarado la sabía! ¡Si él había comenzado la apuesta!
Niou entonces sacó una enciclopedia de la mochila, mostrándole a la chica claramente que “Los tomates eran hortalizas”, y la cerró antes que se pudiera ver algo más.
–Te felicito, Masaharu, pero, ¿sábes qué? Hiciste trampa. No tengo por qué besar a Bunta – se cruzó de brazos.
–Entonces divulgaré por toda la escuela que te gusta, y deberás hacerlo de todas formas.
–¿¡Qué!? ¡¡No!!
–Pues creo que no te queda otra –el estafador se sonrió–. Pu––
–¡¡LLEGAS A DECIR “PURI” Y TE JURO QUE AQUÍ ACABA TU EXISTENCIA!!
Kirihara, Yagyuu, Yanagi y Niou; todos, sin excepción, pegaron un salto de dos metros al escuchar este grito y ver la cara de loca desenfrenada que ahora portaba la chica.
–No lo haré. Sí, no me di cuenta de que si tú proponías la apuesta era porque la sabías; sí, está mal retractarse después del apretón de manos; pero no, no lo haré bajo ningún punto de vista. No voy a besar a Bunta. Ni borracha––
–Yagyuu, tú que tienes fuerza, si serías tan amable… –pidió Niou.
Acto seguido, el pelivioleta se olvidó de su posición de caballero y alzó (más bien dicho, forzó) a en brazos y no la dejó ir, levantándola por completo del suelo.
–¡SUELTAME! ¡HIROSHI! ¿¡CÓMO TE ATREVES A HACERME ESTO!? ¡SUELTENMÉ, MANGA DE LUNÁTICOS!
–Llevémosla hacia donde está él… creo que se quedó en el aula de música limpiándola como castigo –dijo Niou, ignorando a la chica completamente. Entonces la miró y la chistó–. Shh. Si sigues quejándote, pondré lo de Marui y tú en el noticiero escolar.
–¡¡TRAMPOSO!!
–Creo que me voy… a … mi… casa, senpai-tachi… –dijo Kirihara, mirándolos gritarse entre sí pero sin ser escuchado, comenzando a irse. Igual, mejor no meterse en peleas de locos, ¿no?
Yanagi, en cambio, los acompañó. De seguro Sadaharu querría saber sobre esta situación luego.
***
Estaban afuera esperando que Marui terminara su castigo hace más o menos media hora.
–Eres un tarado tan importante que no existen palabras para describir lo tarado que eres –declaró a Niou, firmemente. Por lo general no lo trataba con tanto desprecio, pero hoy era una excepción.
–Ya vas a entender que te estoy haciendo un favor –repuso el trickster, lo más tranquilo.
comenzó a desesperarse, viéndolo a Bunta por el vidrio transparente de la puerta. Debería recibirlo con un beso, si no lo hacía, el Diablo (A.K.A. Niou) le haría sufrir el peor de los infiernos.
¿Cómo? ¿Cómo @#$% no había pensado en que Niou sabía, obviamente, la respuesta a la pregunta? ¡¡ERA LO MÁS OBVIO!! Está bien que el engañador no le dio tiempo a pensar, pero esto no estaba bien. ¡Debería de haberse resistido más! ¡A ella que le importaban un par de tontos rumores que se podían desacreditar fácilmente!
–Ahí viene.
El corazón de dio uno, dos, tres vuelcos.
Marui salió del aula con pesadez, arrastrando consigo un trapo húmedo y un tarrito de limpiador. Miro al grupo con desconfianza: ¿desde cuándo lo esperaban a que saliera de sus castigos? Alzó, entonces, una inquisitiva ceja.
Niou empujó a apenas.
La chica comenzó a titubear y sonrojarse como nunca antes. Esto era tan poco característico en ella… –E-eto…
–¿Qué? –inquirió Marui, algo irritado.
Niou esta vez la codeó.
Yagyuu la miró.
Yanagi tan sólo tomó notas mentales.
suspiró. De seguro había cosas peores.
No, mentira, claro que no había cosas peores. Este tipo de pensamientos positivos eran ridículos.
Qué más daba.
La muchacha tomó al pelirrojo con ambas manos por sus mejillas (cosa que no escapara), y, cerrando los ojos a presión, proclamó los labios de Marui. El susodicho, contrario a la chica, abrió bien los ojos y quedó en el lugar, en completo shock, como si hubiera visto un fantasma. Eso, o la torta más grande del mundo. Una de dos.
Pero, entonces, Marui terminó acostumbrándose y cerró de a poquito los párpados, aunque aún inmóvil. Inmovilizado, diríamos.
Niou se sonrió, muy complacido.
–¡LISTO! –ella dejó a Bunta ir, roja como un tomate–. ¡LOSIENTOESQUEFUEUNAAPUESTA!
–…
Por un momento, Marui tuvo que separar las palabras de la chica en su cabeza (las dijo tan rápido que sonaron como una sola). Luego, frunció el ceño – se había ilusionado.
–¿Fue una apuesta? –el pelirrojo cuestionó suavemente.
Los otros titulares se miraron entre sí, como preguntándose si deberían dejarlos solos. ¡Ni modo! ¿Y perderse esto?
–Ajá.
Hubo un silencio abrumador.
–Ja, ja, qué pena… –agregó Marui apenadamente, dispuesto a irse–. Bueno, debí imaginármelo…
lo frenó con una mano en su hombro –¿Imaginarte qué?
–Que no te gustaba en realidad –el chico simplemente se encogió de hombros. Era como si le hubieran arrancado esa energía característica suya–. Está bien, no importa, dejémoslo acá.
–No, Bunta––
Pero él ya estaba bajando las escaleras.
En vez de salir corriendo, se quedó en su lugar.
–Ahí lo tienes, cabeza dura –demostró Niou, señalando el lugar hacia donde se había ido Marui–. También le gustas. ¿Qué esperas? –el peliplateado le dio un empujoncito–. Ve.
Fue tan sólo un golpecito por parte de Niou, pero con esto, ella salió disparada, como una bala tras Marui.
–¡Bunta! ¡BUNTA, ESPERA!
Él decidió ignorarla, y siguió caminando a su velocidad. La chica, obviamente, terminó por alcanzarlo.
Lo tomó de la mano, y lo hizo girar sobre sí –¿¡Qué te pasa!?
Marui dio una sonrisa lastimera –Nada, -chan.
–Niou me obligó. Bunta, lo siento––
Calló silenciosamente cuando Marui frenó su marcha.
–¿No lo entiendes, verdad? –el pelirrojo resopló–. Baka. Ahora me gustas más que antes.
Los ojos de se abrieron de par en par –¿Qué?
–Te lo dije: no importa –Marui tanteó sus bolsillos–. ¿Quieres un chicle?
–No me cambies de tema, Bunta.
Se volvieron a quedar en silencio.
–Ya te dije lo que tenía que decirte, -chan. Me gustas. Y me duele que sólo me beses por un juego.
Al diablo con todo.
rodeó con sus brazos el cuello del chico y, sin pensarlo, volvió besarlo, aunque más brevemente, sus labios moviéndose sobre los del pelirrojo con suavidad.
–Eso no fue por un juego.
Marui sonrió por primera vez después de su corta depresión –¿No lo fue? –preguntó, esperanzado.
rió –No, tonto.
Bunta la abrazó por la cintura, acercándola a él –¿Ves lo que te digo? Soy un genio. Hice que te confieses.
–¡Bah, de qué te la dás!
Estaban discutiendo de nuevo, sí, pero por lo menos ahora sonreían. Sonreían con una alegría que no habían sentido antes.
***
–Masaharu.
Este llamado por parte de aterrorizó al peliplateado –Dime algo.
Marui acarició la mano de su novia –¿Qué te pasa, -chan?
–En esta página –señaló la pantalla de la computadora. Estaban durante la hora de computación, y el profesor los dejaba navegar si habían terminado los trabajos asignados– me dice que los tomates son frutas y hortalizas a la vez.
El pelirrojo frunció el ceño –¿Y qué significa eso?
Niou hizo una mueca –Eso no era lo que decía mi libro.
–Son frutos por qué parte de la planta representan y hortalizas por cómo se cultivan, claro –aportó Yanagi–. ¿Hay dudas sobre eso, -chan?
Yanagi–. ¿Hay dudas sobre eso, -chan?
–Y todo este tiempo me vendiste que eran FRUTAS.
–Disculpa, son frutos, no frutas…
–Aquí mueres.
Al verla levantarse de su asiento, Niou tembló y pidió piedad.
Se salvó de morirse sólo porque estaba el profesor presente. Ya verá, pensó , juro que ya verá…
Pero, entonces, observó al pelirrojo sentado a su lado, sonriéndole.
Bueno, reconsideró, por esta vez, voy a pasar por alto el engaño.
~ Ao
16/11