¿Qué hacía una cáscara de banana ahí? Tal vez alguien la hubiese dejado por accidente. Tal vez fuese una broma del destino. Pero que no la hubiera visto hasta haberla pisado, y que no hubiera tenido mejor idea que tomarse del picaporte del vestuario de hombres, abriendo así accidentalmente la puerta y siendo arrastrada dentro, el equipo de tenis ocupándolo, solo puede explicarse de una manera:
Dios es mujer.
Estudio de Anatomía
El aturdimiento dejó a inmóvil en el suelo de baldosa unos segundos. Inmediatamente sintió lo frío que estaba a través de la tela de su uniforme y en sus piernas donde las medias no llegaban y se sentó, mirando a su alrededor. Algo la hizo toser.
Vapor… El ruido de las duchas. Una de las duchas se cerraba.
– Ahh –suspiró Choutarou, los ojos cerrados, secándose el pelo con el toallón y saliendo de las duchas– lo mejor después del entrenamiento… es… ducharse…
Choutarou miró a y miró a Choutarou. Una gota había caído desde un mechón mojado hasta sus pestañas, y la siguió casi instintivamente. Se deslizó por su mejilla hasta el mentón, donde se quedó unos segundos para luego seguir camino por el cuello, curva de la clavícula, pecho, cada una de las costillas, saliendo de su trayecto recto para pasar por el ombligo, *asdasdasdasdasdasd* y, luego de recorrer la rodilla y las piernas, perderse entre sus dedos para formar parte del charco que se iba formando poco a poco en el suelo.
– Choutarou, ¿pasa algo? – llamó Shishido. Ootori, totalmente rojo, volteó instintivamente.
“OMGWTFWAAA” fueron los pensamientos más coherentes de (bueno, los más coherentes de los que no ameritan censura) mientras corría sin más trámite a esconderse tras el locker más cercano, sintiendo el rostro hinchado por la sangre.
– N-n-nada, Shishido-san –contestó disimulando lo mejor que pudo su vergüenza. Aunque el ruido del agua hacía difícil la audición, Shishido notó algo extraño.
– ¿Seguro? – dijo, saliendo de la ducha (¡¿Acaso nadie se tapaba con los malditos toallones?!, se preguntó , espiando casi involuntariamente. Casi. Es decir, quién hubiera creído que Choutarou tenía los músculos del brazo tan marcados, y dicho sea de paso, Shishido tenía unos abdominales que… ehh… volviendo a la trama). Apoyó un brazo mojado sobre el hombro de Choutarou, preocupado.
Ootori notó de reojo que seguía por ahí e intentó tapar a Shishido con su cuerpo (ahora envuelto en el toallón). Sin embargo, Shishido también había notado una presencia tras los lockers, aunque no notó el género de dicha presencia.
– ¡Ah, vos! – gritó – ¿Me pasarías mis calzoncillos? Son los dorados.
Y miró a sus espaldas: un banco largo lleno de pantalones, remeras y ropa interior. Con un dedo y sin mirar casi levantó unos slip metalizados y los tiró por sobre los lockers.
– No, estos son los de Atobe. Los otros –Shishido atajó unos boxers– ¡Gracias!
Y los slip le cayeron a en plena cara. Respiró hondo, hondo, hondo, contó hasta diez y, cuando estuvo segura de que no se iba a desmayar, se los quitó de la cara. Dicho sea de paso, olían rico, como a colonia, pero no quería pensar en lo que eso significaba, aunque de Atobe se tratase.
Las duchas se cerraron todas de repente, y el ruido en el vestuario aumentó. ( comprobó, de reojo, que nadie parecía usar los toallones. También comprobó que Atobe realmente parecía trabajar mucho en sus glúteos, que eran tan perfectos que deberían ser declarados Patrimonio de la Humanidad. No que las piernas de Oshitari se quedaran atrás: los músculos no estaban demasiado marcados, solo lo justo. Daban ganas de recorrerlas con el dedo, como las gotas que caían…También tenía linda espalda, al igual que Atobe. Ahhh, y el pecho de Hiyoshi. Podría haberse usado para una clase de anatomía. Gakuto tenía, sorprendentemente, los abdominales y las piernas bastante marcadas… lo cual, pensándolo mejor, no es tan ilógico.) Y en ese momento, notó un pequeño detalle que se le había escapado. Si la ropa estaba alrededor suyo, quería decir que iban a proceder a cambiarse ahí.
Desesperada miró a su alrededor, pero la puerta estaba muy lejos, y solo veía filas y filas de lockers. No quedaba otra opción, se metió en uno de ellos y cerró la puerta con cuidado. Podía escuchar su respiración contra el metal de la puerta mientras las voces, amortiguadas por la pared metálica que la separaba y distorsionadas por el eco de los vestuarios, se acercaban. Choutarou llegó primero, pareció inspeccionar rápidamente. Escuchó un suspiro de alivio. Espió por la rendija de los locker…
– Naa, Gakuto –llamaba Oshitari, sin anteojos, mientras buscaba su ropa entre la montaña, algunas gotas cayendo todavía de su pelo largo. Sin querer pisó a Hiyoshi, que le dirigió una brevísima mirada de odio. Yuushi se encogió de hombros–. Hay una película nueva que sacaron hace poco, ¿la venís a ver conmigo mañana?
– No –contestó Gakuto rápidamente–. La última vez… ¡era una película romántica, Yuushi!
El aludido lo miró como diciendo “¿y?” mientras intentaba ponerse los calzoncillos sin que toda la gente que pasaba por ahí lo empujara e hiciera caer.
– No, no, y no. Andá a verla con tu novia, o algo.
– No tengo novia – contestó él, ahora acercándose peligrosamente a los lockers…
solo se dio cuenta de que estaba mirando cuando los ojos de Oshitari, ni siquiera el cristal de los anteojos ocultándolos, se fijaron en los suyos. No debe haber sido más de unos segundos, pero de repente el sonido pareció extinguirse, era evidente que había sido descubierta… Pero los labios de Oshitari se curvaron en una sonrisa disimulada y ligeramente sádica. escuchó el ruido del candado del locker cerrándose con un movimiento sutil pero claro.
… pero pasó de largo del que ocupaba la chica y abrió el de al lado en cambio.
–… pero si querés ofrecerte para conseguirme una, Gakuto, no me quejo.
– Antes me encontraría una para mí.
– Tsk, tsk – interrumpió Atobe, a quien efectivamente pertenecían los slip– No puedo creerlo. Miembros… No, ¡titulares! del equipo de tenis y necesitan buscar chicas.
– Es que aún no encontré una que sea lo suficientemente buena para ore-sama – dijo Oshitari, mortalmente serio, y la tensión se hizo notar– Volviendo al tema. Gakuto, acompañame. Necesito una excusa para no cuidar a mis primitos.
– Así que soy tu excusa.
– Bueno, en este caso, la verdad… sí –dijo despreocupadamente–. Consideralo mi pago por haberte explicado matemática. Y algo más.
– ¿Qué? ¿Querés que te pinte el cuarto, de paso?
– Iba a decir que tenés los calzoncillos al revés, pero si querés pintarlo, no hay problema.
Gakuto le dirigió una absoluta mirada de odio mientras amagaba sacarse los calzoncillos y (escena recortada sin piedad ni consideración por la lógica) se subió el cierre del pantalón.
“Bueno”, pensó , apretándose la nariz, “supongo que puedo agregar un atributo más a la lista correspondiente a Mukahi”.
Sintió un golpe de fragancia y miró por cuanto le permitía el escaso espacio de la rendija. Teoría confirmada, Keigo se estaba dedicando a poco menos bañarse, y por extensión ahogar al resto del equipo, en la colonia más cara que se haya podido encontrar.
– Senpai, ¿podría –tos– moderar un poco –tos– su uso de perfume?
Fue como si hubiera caído una bomba.
– No es perfume. Es colonia. COLONIA.
Hiyoshi tragó saliva (que a esta altura tenía gusto a perf… colonia).
– Disculpe, Atobe-senpai – murmuró abrochándose los botones de la camisa.
Una voz se elevó por encima del resto.
– ¡Apúrense!
La voz le resultaba muy conocida, pero, ¿de quién era? Ah, claro. Es lógico, Kantoku.
Kantoku.
Desnudo.
…
…
Todo se volvió negro, y de no haber sido por el “HAI!” generalizado, de seguro el ruido metálico del locker al abollarse hubiera sido claramente, muy claramente oído.
~Miyu-chan
No estaba segura de si había sido el dolor de cabeza o la incómoda posición en la que estaba la que la había despertado, pero lo cierto es que se sentía mareada, contracturada y entumecida. Le tomó unos minutos reaccionar. Se puso de pie lentamente escuchando con atención en busca de alguna invasión al silencio, espió sin encontrar a nadie del otro lado y empujó la puerta del locker… la cual quedó trabada con un sonido metálico. “Maldito Oshitari…”, pensó, volviendo a intentar, más a falta de otra cosa que hacer.
Al cuarto o quinto empujón, escuchó un “aaah?” del otro lado.
– ¡Alguien! ¡¿Hay alguien!?
–… ¿Ehh?
– Ji… ¿Jirou-senpai?
–… ¿Una... chica?
– ¡¡Jirou-senpai, ábrame!!
Silencio.
– ¿Jirou-senpai?... – “¿se habrá quedado dormido?” – ¡JIROU-SENPAI!
Más silencio interrumpido por un pequeño ronquido.
–… Jirou-senpai. Soy una magical girl que maneja un mecha y atrapa Pokémon y… viene de un universo alternativo. ¿Podría abrirme?
Ruido de alguien levantándose apresuradamente, “YA VOOOY” y la cerradura abriéndose.
– WAAAahh… … ¡No sos ninguna Magical Girl!
– Sí lo soy. Esta es solo mi identidad secreta. Ahora, si me disculpa, senpai, tengo que ir a salvar al mundo.
Jirou asintió furiosamente. “¡GANBATTE!”