No era solo que era él, sino por su manera de ser.
Cansancio
estaba segura de querer correr y gritarle a Fuji Yuuta que se detuviera. Pero no podía, no cuando el muchacho estaba tirado sobre el piso con la respiración agitada. Y el manager de la St. Rudolph estaba del otro lado de la cancha con esa expresión que denotaba peligro.
Suspiro con fuerza, tomando el valor para entrar a las canchas.
-¡Ya basta Mizuki-senpai!- chilló la joven soltando su bolso y deteniéndose a lado de Yuuta. -¡Ha sido suficiente por hoy! Te lo ruego -la expresión de desconcierto plasmada en el rostro del manager, la estremeció.
-¿Es lo que quieres Yuuta-kun?- preguntó el manager al joven.
-Apártate -san -dijo la voz jadeante de Yuuta.
-¡No! Estas agotado, necesitas descansar Yuuta-kun, por favor -Yuuta alzó la mirada para encontrarse con los ojos brillantes de la joven.
Se conocían de pequeños, pero siempre había pensado que la joven estaba mucho más interesada en su hermano mayor que en él, por eso siempre había sentido cierta rivalidad hacia su hermano y cuando había ingresado a St. Rudolph y verla de nuevo, se había sentido muy bien.
Se levanto jadeante, apartando a la joven con el brazo.
-Por hoy creo que es suficiente- los ojos grisáceos de Yuuta se encontraron con los de Mizuki. Este asintió no sin antes echarle una mirada a la joven y dejarlos solos.
- -san -susurró Yuuta a la chica. Ella le sonrió con dulzura.
-A veces Mizuki-senpai es muy terco con lo que se propone, me alegra que hayas desistido por hoy. -Sus ojos perdiéndose en los suyos.
-No quiero que lo vuelvas a hacer -san. Es mi entrenamiento -la chica frunció el ceño.
-¡No voy a dejar que… !- su protesta murió en sus labios al ver que el muchacho recogía su raqueta.
Ella lo conocía. Desde pequeños ella siempre se había sentido atraída por él, pero trataba de ocultarlo de la mejor manera que podía. Por eso cuando el había ido a Seigaku se había sentido destrozada, pero se había enterado del trato que había recibido en esa escuela y de la clara acotación de ser el ‘hermano menor’ de Syusuke Fuji. Suspiro mientras miraba a Yuuta guardar su raqueta en el bolso. Recordaba el día en que él había llegado, pues al verlo ahí con el uniforme de la escuela, se había sentido completa.
-¿ -san?- la joven dio un respingo al sentir las manos de Yuuta sobre sus hombros -¿Te sientes bien? De pronto estás como que… -
-Gomen. Estoy recordando el día que llegaste -el muchacho mostró sorpresa.
-¿El día que llegue? ¿Aquí?-preguntó alzando las cejas.
-Sí- la joven sintió que las mejillas se calentaban -No me hagas caso, mejor vayamos a tomar algo, debes estar cansado por el duro entrenamiento que Mizuki-senpai te está dando- el movió la cabeza de un lado a otro.
-No estoy cansado -san. - Solo un poco nervioso.
Yuuta nunca se había sentido tan nervioso al estar a su lado. era una joven dulce y sincera, por eso le agradaba. La joven había sido tan atenta con él desde ese día, recordando las viejas aventuras que habían tenido de niños. De pronto recordar aquel día era como si hubiese sido ayer, ella siempre se preocupaba por su entrenamiento y le había dado todo su apoyo después de haber perdido contra Jirou- kun de la Hyotei, ella siempre a su lado.
-Ahora eres tú el que me preocupa Yuuta-kun -dijo la joven sonriendo. Esa sonrisa tan sincera.
-Vamos - la joven le miró con el ceño fruncido.
-¿Qué ocurre -san?-
-Podrías prometerme algo… -titubeó un poco y le miró fijamente - Por favor Yuuta, no te excedas mucho en tú entrenamiento.
Me llamó Yuuta.
Sus ojos grisáceos se cerraron un momento para saborear el sonido de su nombre en sus labios, esos que le incitaban para besar. Se inclinó sobre ella un poco, la joven no se movió, para sorpresa del mismo chico, la joven se puso de puntillas y lo besó, un beso dulce y suave.
se sonrojó al ver al muchacho sonreír, su corazón latía salvajemente sobre su pecho, pero aquel beso era sin duda su promesa.
-¿ -chan?- la joven le tomó de la mano. -Gracias.
-Solo vayamos a descansar …
Él asintió dejándose guiar por la cálida mano que envolvía la suya, no necesitaba descansar, pues a su lado siempre estaba relajado.
~Aiosami