Doki Doki Survival
Prólogo
El movimiento del bote era insoportable y eterno e, incluso si estábamos completamente encapsulados, podía oír el murmullo que producían las olas sobre la superficie de la nave y las violentas gotas de agua en el techo. El vaivén hipnotizante me había dejado en un trance onírico. ¿Cómo habíamos llegado a esto? Y el día había empezado tan bien. Me levanté con tiempo aunque no estuve despierta hasta que me di un baño; sabía que Miyo no iba a querer levantarse así que puse mi despertador hora y media antes para pasarla a buscar.
Desayuné tratando de ignorar el hecho de que mi infantil madre se había rehusado a levantarse y “verme partir”, como decía ella, y seguía en su habitación durmiendo. Tranquila tomé mi bicicleta y partí hacia lo de mi amiga. En el camino pasé por mi librería favorita, compre unos libro y media hora después estaba tirando literalmente a Miyo de la cama.
Dejé mi bici descansando en su casa mientras que caminábamos somnolientamente hasta en puerto. Bueno, técnicamente yo caminaba pesadamente con Miyo colgada de mi espalda durmiendo, esa era la otra razón por la cual la había pasado a buscar, ya estaba acostumbrada. No mucho después estaban en el crucero y todo estaba perfecto. Y ahora estamos acá. Sentía muchas náuseas y un fuerte dolor en mi pierna izquierda. No podía dejar de pensar que ese viaje había comenzado perfectamente… bueno, no perfectamente. De hecho, 5 minutos después de haber subido me caí en la pileta mojando el uniforme, pero algo bueno salió de todo eso.
Habíamos tardado demasiado en subir, pero al fin estábamos en el barco. Me habían dicho que el crucero tenía una pileta y quería verla. Desde chica amo todo lo que implique agua y tener una pileta significaba felicidad para mí. Dejé el bolso y mi mochila al lado de una reposera cerrada y asomé mi cabeza. Estaba en la parte honda, pero no parecía tan profundo. Vi al lado mío un trampolín que era bastante bajito y me subí lentamente. Estaba casi en la punta mirando el agua que apenas se movía cuando el barco se puso en movimiento lo que causo mi falta de equilibrio y por lo tanto el inevitable chapuzón.
Me dejé hundir en el agua por unos segundos porque me gustaba la sensación del agua en mi piel, pero después recordé que estaba vestida y empecé a mover los pies para llegar a la superficie. Pensé que nadie había presenciado mi espectáculo, pero cuando mi cabeza salió del agua pude ver a un chico de pelo blanco parado en el borde de la pileta con una sonrisa burlona en la cara. Me asomé y vi que un par de personas habían girado su mirada hacia la pileta pero ninguno mostró demasiado interés. El chico se agachó un poco y extendió su mano ofreciéndome ayuda. Aunque no la necesitaba tomé su mano para no ser maleducada y dejé que me sacara. Me senté, me saqué el pelo de la cara y miré a la gente que pasaba; entre ellos pude ver a un grupo de chicos llevando unos bolsos Yves Saint Laurent y a Gallagher caminando tras ellos con una expresión que decía ‘soy la reina del mundo’. Volví a ver al chico que me había ayudado, al cual había identificado como Niou Masaharu de RikkaiDai y noté que él estaba viendo lo mismo que yo pero con una expresión que decía cosas que hicieron que me dieran escalofríos.
Le agradecí con una inclinación un poco exagerada y corrí tras Holiday con dificultas ya que mi ropa estaba toda pegada y el pantalón no me dejaba moverme bien. Cuando llegué a la puerta del camarote dudé si tocar o no, pensando si estaba en mí meterme… es que la mirada que había visto y otras cosas me llevaban a tragarme mi orgullo.
Dios, como odié estar en ese bote. Sin poder entender nada y rodeada de gente desconocida; aunque no había hecho un esfuerzo muy grande por encontrar a nadie. Seguía ensimismada y mirar por la ventana solo lograba contribuir a mi miedo. Afuera había una oscuridad que no llegaba a ser absoluta, por lo tanto podía distinguir la forma de las olas al costado del bote y eso me aterraba, pero no podía dejar de mirar ya que esos mismos movimientos me hechizaban.
-Ah, , ¿Qué necesitás?- preguntó Holiday manteniendo su postura, aunque yo sabía que estaba sorprendida.
Murmuré algo como ‘wow, eso sí fue cortante’, respiré hondo y levanté la vista. Grave error.
-Este… yo… quería hablar con vos de algo.
-Te escucho. , ¿estás toda mojada?
-Eh sí, me caí a la pileta…el temas es que yo… bueno, yo vi… ¿cómo digo esto? Bueno, mirá yo se que tal vez no nos llevamos muy bien, aunque más bien parece que no nos llevamos punto. Pero el tema es que… bueno, yo no sé si vos tenés algo con Niou de RikkaiDai o si te gust-
-¡No me gusta ese chico! ¡Es de Rikkai!
-Bueno, no importa. Si te gusta no hay problema.
-¡No me gusta!
-Ajá. Bueno, yo vi que él tiene ciertas actitudes de acoso y hoy tenía una mirada un tanto perturbadora. Y yo quería de… decirte que si en algún momento te molesta o quiere sobrepasarse con vos, podes llamarme o si necesitas hablarlo con alguien, podés hablarlo conmigo.
-Que quede claro que no me gusta ESE. ¿Por qué venís a decirme esto? Digo, no te caigo bien.
-Sí, bueno…pero somos compañeras de equipo y además las mujeres deberíamos apoyarnos… y yo, bueno, estaba preocupada. Pero era solo eso. No te molesto más, me voy a mi camarote- terminé con una inclinación y agarre mi bolso.
-Eh… ¿?- dijo en tono de duda.
-De hecho me gustaría que me llames por mi nombre. No me gusta que personas de mi edad me digan ‘’.
Se dio vuelta y entro a la habitación dejando la puerta abierta. “No le puede hacer mal a nadie, ¿no?”
Después de un rato de hablar banalidades y probarnos ropa y unos zapatos que tendría que haber robado me fui a mi camarote, de nuevo con mi uniforme mojado. Miyo me preguntó dónde había estado y no puso muy buena cara cuando le conté. Pero después le dije que a ella la quería más y salté a abrazarla. Escapar de mí hizo que se olvidara completamente de Gallagher. Ese pensamiento me hizo reaccionar. “Miyo… ¿dónde está Miyo?”
Me acuerdo que estaba quejándose sobre la falta de Internet y de que yo la llamaba ‘neesan’, que después agarré mi mochila y la apoyé en la cama. Fue ahí cuando la habitación pareció darse vuelta. De repente el piso dejó de ser una superficie estable, me deslicé hacia una pared y me aferré a ella con fuerza aún con la mochila en las manos. Empecé a respirar agitadamente, mi pecho subía y bajaba tan bruscamente que dolía y mi cabeza quedó un blanco por un segundo. Lo primero que se me cruzó por la cabeza fue Fuyube, la angustia de pensar que había estado toda la tarde ignorándola por un estupido sentimiento que ni siquiera llegaba a ser celos provocó que mi vista se nublara y lágrimas recorrieran mi cara.
El miedo me asaltó y sentí que el corazón se paraba cuando miré bien la habitación. Vi a Yuzuki colgada de una puerta, a Fuyube blanca, en el piso y sin reaccionar y a Miyo tirada contra la pared, mirando su no-tan-viva laptop. Intenté hablar pero las palabras no salían de mi boca, ni un sonido, ni un grito, ni un gemido, nada.
En un brusco movimiento, la habitación pareció volver a su estado original salvo por las cosas desparramadas en el piso. Lenta y temblorosamente intenté levantarme, pero mi fuerza de voluntas se fue al piso cuando vi que la mano de Miyo estaba goteando sangre, ahí se me fue el alma a los pies.
- Mi-Miyo, estás sang…- intenté decir, pero mi voz me traicionó.
- No importa- un tanto temblorosa su voz me llegó tan claramente que logró tranquilizarme, incluso cuando intentó fallidamente de que no se notara su nerviosismo. Consiguió que olvidara mi desesperación y el hecho de que me dolía el brazo como si mi perra hubiera tomado una siesta arriba de él y que me concentrara en ponerme la mochila, acción que no tenía sentido pero en ese momento mi línea de pensamiento no podía ser demasiado compleja- No importa- repitió más fuerte, no me había dado cuenta de que sonaban las alarmas- ¿Pueden moverse? Salgamos de acá.
Ninguna le respondió, nos concentramos en salir del cuarto. Me costó un poco levantarme porque las piernas me temblaban. Cuando salimos al pasillo escuché lo gritos desesperados que venían de todo el barco. Empezamos a correr, yo quedé última.
Me dije que mantendría la calma, que pasara lo que pasara no iba a gritar ni llorar, que eso no iba a sacarme del barco con vida, e incluso cuando ya estaba en el bote salvavidas con el insoportable malestar de mi pierna, no lloré ni grité. Mis manos estrujaban con fuerza la mochila contra mi pecho. Estiré mi mano izquierda hacia la zona sensible para tratar de calmar el dolor y noté algo líquido en mis dedos, estaba sangrando y seguramente esa era la razón de mi mareo. Tratando de no llamar la atención de los demás agarré el buzo que tenía atado a la cintura e improvise una venda, no era muy eficiente pero era lo único que podía hacer sin moverme demasiado. Pensando en cómo me había hecho esa herida fui envolviendo la zona entre la rodilla y el tobillo. Me preguntaba cómo estaba Fuyube. Recordaba que habíamos salido de la habitación siguiendo las marcas rojas, seguíamos a Miyo.
Llegamos a las escaleras y empezamos a subir con dificultad debido al movimiento del barco. Fuyube perdió el equilibrio y cayó quedando estirada en los escalones con la rodilla lastimada. Yuzuki le agarró el brazo y para cuando Miyo logró gritarle “Yuzuki, ¡arrastrala!”, ella ya estaba levantándola y yo trataba de ayudar empujándola de la espalda. Ellas retomaron la subida lentamente, yo me quedé sentada en un escalón sin poder reaccionar. Llegó un momento en que ellas desaparecieron en otro pasillo arriba de la escalera; yo decidí olvidar el hecho de que estaba completamente sola y me puse la mochila en el pecho como cangurera de bebé. Entre una escalera y otra el camino se me hizo eterno, pero llegué a cubierta.
Empecé a correr cuando una ola inclinó de golpe el barco. Yo resbalé y girando en el piso mojado me deslicé involuntariamente por el suelo en dirección a la baranda. No podía detenerme y sentí una punzada de dolor en la pierna izquierda seguida por el impacto de mi espalda contra la barandilla. Dolorida y sin poder levantarme, veía como algunos pasaban de largo en pánico, otros me miraban y decidían que no valía la pena quedarse y ayudarme. Un alma caritativa me tomó del brazo y me levantó con fuerza; lo siguiente pasó fue en cámara lenta. Corrimos esquivando personas, él me arrastraba sin soltarme, llegamos a bote y prácticamente me tiró adentro.
No me había fijado si había subido al bote conmigo. Un tiempo después me entere que esa maravillosa persona era Sanada Genichirou, de Rikkai y se lo agradecí apropiadamente…o no. El hecho es que cuando me enteré salté con lágrimas en los ojos y lo abracé, sentí que le debía mi vida. Me pareció ver sorpresa y miedo en los ojos de sus compañeros de equipo pero no preste atención y le besé una mejilla.
En fin, terminé de atar el nudo con una mueca en el rostro e intenté ordenar los pensamientos en mi cabeza. Miré a las personas que estaban conmigo, calladas. Intenté reconocer a alguien, pero no pude hasta que caí en la cuenta de quien era el que estaba sentado al lado mío.
-¿Mizuki?- le pregunté con la voz temblorosa- ¿Hajime Mizuki?- el chico se volteó a verme.
-Sí, ¿ -san?
No lo pensé, lo abracé con fuerza. Por fin encontraba a alguien que conocía. Me dio la sensación de que Hajime quería separarse, pero dado la situación en la que nos encontrábamos acarició mi cabeza con movimientos lentos. Agradecida por su no-rechazo lo abracé con más fuerza durante un rato y lo solté lentamente. Traté de no levantar la voz para no molestar a los demás.
-¿Me podés explicar qué **** pasó?
-Por si no es bastante obvio, -san- me respondió estirando mi nombre para molestarme y, tal vez, distraerme- el maravilloso crucero en el que estábamos se hundió.
-Si no hubieras sido tan comprensivo hace unos minutos, te pegaría- supuse que en su rostro tenía una sonrisa burlona- ¿Qué-qué vamos a hacer? ¿Qué va a pasar?
-Nada, supongo que estaremos en este bote hasta que lleguemos a algún lugar o hasta que alguien nos encuentre, aunque con este tiempo no lo veo muy probable.
La cabeza estaba empezando a dolerme, puse mis manos a los costados de mi cara y empecé a hacerme masajes en las sienes. Mizuki, obviamente lo notó.
-¿Estás bie- una ola golpeó bruscamente la nave y ésta se inclinó. Desafortunadamente mi cuerpo dio contra la pared aplastándome a mí y a mi preciada y dolorida pierna. Solté un gemido y finalmente perdí el conocimiento.
La siguiente media hora la pasé soñando que estaba en ese mar turbulento, agarrándome fuertemente de una madera que había encontrado y tratando, en vano, con los ojos cerrados nadar hacia algunas de mis amigas que pedían ayuda. Buscaba desesperada a Miyo y cuando la había divisado una voz empezó a escucharse a lo lejos. Abrí los ojos de repente.
- -san- vi la cara de Mizuki sobre la mía, estaba apoyada en su regazo. Intenté levantarme de sus piernas, pero el movimiento brusco hizo que me mareara más.
-Mizuki, ¿es mi impresión o el bote se está moviendo más que antes?
-No, -san. El bote está parado. Llevas dormida al rededor de 30 minutos, se ve que llegamos a una especie de isla o algo así.
-Ah- repliqué sin prestar demasiada atención- Mizuki, el kit de emergencia. Tiene que estar por ahí- intentando hablar normalmente. Antes de ir al viaje había leído por Internet todas las indicaciones de emergencia.- Traelo, por favor.
Sin entender mucho, Mizuki desapareció unos segundos- ¡Lo encontré!
-Bien, traé la linterna- necesitaba ver en que estado estaba mi pierna.
-¿Linterna?- le escuché decir por lo bajo, luego sus pasos y logré ver un haz de luz que se acercaba- ¿Para que querés una --?- obviamente había notado mi cara pálida y la sangre en el piso.- ¿qué…te pasó?
-Ahora no importa. Imagínate que soy uno de los chicos, que me torcí el tobillo o me raspé la pierna y que me tenés que vendar. Tiene que haber vendas por ahí.
Mizuki asintió, estaba muy serio…quería que me vendara y salir de ese bote, me daba nauseas. Al rato estaba sentado al lado mío sosteniendo mi pierna, ya sin el buzo, me limpiaba y vendaba como podía. A fuera seguía lloviendo y si salía así, la venda iba a durar menos que un claustrofóbico en el subte en hora pico. Le dije a Hajime que sacara de mi mochila el pantalón de gimnasia de invierno, así no me llenaba de arena y los demás no se daban cuenta. No quería que se preocuparan y así se lo hice saber a Mizuki. Él me hizo caso, pero no sin antes preguntarme para qué tenía el pantalon en la mochila.
Una vez listos me levanté. Agarré mi mochila, la cual estaba llena de cosas completamente inútiles para la situación en la que estábamos y seguí a Mizuki hacia la salida del bote. Afuera el agua caía con fuerza y no lograba ver nada. Sentí una mano en el codo que me sostenía para que pudiera bajar y la voz cercana de Yuuta que le decía a su compañero “tardaron mucho”.
- , ¿vos estas bien?- me preguntó casi al oído, todavía no me soltaba.
-¿Yuuta-kun?-tenía la voz temblorosa y los ojos se me llenaron de lagrimas que ya no pude contener, empezaba a sentir la ropa pegándose a mi cuerpo y me puse a llorar lo más silenciosamente posible. Pero Mi Fuji lo notó.
-Sí,
. Soy Yuuta- me respondió suavemente mientras me apretaba contra su cuerpo y me mecía.
~Amy